Las mujeres de color no te deben una mierda por Lara Witt

por Lara Witt

Estoy enojada.

Estoy cansada.

Mi trabajo de medio tiempo me obliga a ser complaciente, perceptiva y sumisa. Tengo que desvivirme para darle al cliente lo que quiere cuando quiere. Si no logro hacerlo, es mi culpa. No es la falta de tiempo, no son las políticas que debo respetar, no es su culpa, es mía. Mi culpa. Pueden reprenderme y gritarme, yo responderé con una sonrisa.

También soy escritora independiente, así que leo los comentarios, veo cómo se sienten cuando digo que su versión poco comprometida de “aliado” no es suficiente en esta lucha. Veo que discuten conmigo sobre cómo los blancos merecen mi paciencia. Estoy en Twitter y Facebook, así que veo cómo tratan de negar mis experiencias y las experiencias de otras mujeres negras y morenas. Lo veo. Veo que niegan nuestras experiencias con la cultura de la violación, la misoginia, el racismo y la queerfobia. Puedo sentir cómo se desgasta mi salud mental.

Se espera que las mujeres de color soporten el peso de la ira, la frustración y la ansiedad de todos los hombres y mujeres blancas. Se supone que debemos ser lo suficientemente resilientes, lo suficientemente fuertes para soportar el abuso, el gaslighting, el trabajo emocional, el trabajo gratuito y el malpagado. Desería que no tuvieramos que ser resistentes. Desearía haber aprendido más cosas a través de los libros que lo que he aprendido a través del trauma.

Se supone que debemos esperar “nuestro turno” para que los errores sean enmendados, que debemos de aceptar las migajas mientras otros reciben las galletas. Pocas veces llegan esas galletas y las migajas no alcanzan para pagar las cuentas, ahorrar, construir una vida, construir un futuro. “Trabaja más duro” me dijo Jan de Maine “¡Eventualmente llegará! Yo obtuve mi trabajo en cuanto me gradué de la universidad”. Perra, cállate de una puta vez.

Quiero que se le pague a las mujeres de color lo que se les adeuda. Páguenos las menciones en Twitter, los artículos autopublicados, la estética que nos roban para vendérsela a Becky a precios exorbitantes en Urban Outfitters. Páguenos por ese trabajo emocional que esperan que hagamos, páguenos por las horas que el trauma tomó de nuestras vidas, y si quieren insultarnos, háganlo con dinero.

Estoy cansada de tener que demostrar que las mujeres de color somos merecedoras de aquello por lo que luchamos: un buen trabajo, autonomía, espacio propio, salud mental y autocuidado. Quiero que las mujeres negras y morenas disfruten de todas las cosas que amamos sin ser llamadas egoístas. Quiero que nuestros placeres culposos sean simplemente placeres mientras seguimos persiguiendo las cosas que nos hacen florecer.

No quiero suavizar mi voz, no quiero moderar mi tono, no quiero amoldarme a sus expectativas, no quiero sonreír mientras me miran las nalgas y me llaman exótica. No quiero que mis propias experiencias me sean explicadas, no quiero tener que explicar por qué el racismo está mal o por qué no les debo una mierda. Ninguna mujer de color les debe su bondad, su paciencia, su indulgencia, su cuerpo o su tiempo.

Las mujeres de color merecen el mundo entero. Merecemos el espacio que nos arrancaron, las tierras que nos quitaron, la inocencia que violaron, la paz que destruyeron. Nos merecemos el calor del verano y el tiempo suficiente para sanar porque heredaremos este mundo y queremos estar bien descansadas para cuando eso suceda.


Sobre la autora: Feminista Desi-Keniana // Escritora captura-de-pantalla-2017-01-11-a-las-21-18-18independiente // Publica en Teen Vogue, Rewire News, WHYY Newsworks, BUST, Seven Scribes y más.
¿Te gustó?  Si quieres apoyar a la escritora  puedes hacerlo en:  cash.me/$LaraWitt o vía  paypal.me/LaraWitt
Puedes leer la versión original aquí.


16244542_1842495245969056_1539131777_nSobre la traductora: Monserrat Acuña (Querétaro, 1994). Entusiasta jovencita que, con la dedicación propia de su género, estudia el último semestre de la Licenciatura en Estudios literarios en la Facultad de Lenguas y Letras de la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha demostrado su fino uso de la pluma en prestigiosas publicaciones como La Rabia del Axolotl, Revista Baquiana, Literalia, Monolito y Espora. Su discreta naturaleza le ha hecho interesarse en el estudio de la lengua y el ejercicio de la traducción.

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