Ojos cuernos de chivo

Masculinidad en el norteño banda

por Andrea Domínguez Saucedo y Monserrat Acuña

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La música popular, especialmente el norteño banda, es un espacio convencionalmente masculino. La imagen de un hombre cantando en videos rodados en casas multimillonarias (de las cuales el dueño es usualmente un narcotraficante), junto a modelos que parecen no notar la diferencia de estatura ni la carencia de atractivo físico del otro, es recurrente. Esas recurrencias construyen un ideario de hombre exitoso y abonan a un paradigma de masculinidad construido desde la posesión de la mujer, al mismo tiempo que uniforman el colectivo de mujeres en una sola imagen.

El Movimiento Alterado nace en Culiacán como un subgénero musical que se alimenta y rinde culto al narcotráfico. Lo que comenzó con canciones, se ha convertido en una estética que incluye desde accesorios hasta videos musicales y, por supuesto, una concepción de la masculinidad. El auge del movimiento ocurrió en el 2009 cuando los hermanos Valenzuela distribuyeron por Internet dos canciones que las estaciones de radio no tocaban. En varias radiodifusoras del país decidieron vetar esta música y a sus intérpretes por su contenido violento y por promover la cultura de la violación, pero, debido a su popularidad, algunas versiones menos explícitas son emitidas en televisión y otros medios masivos.

Aunque las canciones que mencionamos no hacen referencia directa al narcotráfico en el interior de sus letras, son canciones post-movimiento alterado en la medida en que se insertan en su estética; la cual privilegia la representación de una masculinidad hegemónica y violenta que se personifica en la figura del varón heterosexual exitoso, polígamo, rodeado de mujeres despampanantes, autos último modelo y whisky, entre otros excesos. El llamado Buchón. Es curiosa la etimología del apodo, ya que surgió, justamente,  por la incapacidad de los jóvenes sinaloenses, recién estrenados como millonarios gracias a sus trabajos con la delincuencia, de pronunciar correctamente la palabra Buchannans.

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La imagen del buchón se nutre del imaginario del narcotraficante. Tanto en los videos como en las letras se explica que el hombre arquetipo del movimiento alterado debe ser aquel que responda a la siguiente descripción: tu amor es lanza granadas/tus ojos cuernos de chivo/ tu sangre es de buchannans/ y tu cuerpo ferrari deportivo. (La plebe parrandera, 2015). Además, este Ulises sinaloense tiene como obligación experimentar al máximo los lujos de la riqueza. La actitud se relaciona con el origen ilícito del dinero, el resentimiento de clase, además del ideal de valentía y riesgo: Ahorita jalo la banda/ y agarro la fiesta por 3 dias seguidos (Calibre 50, 2013). La ostentación del buchón no es únicamente para medirse entre tus pares, también tiene intenciones sexuales, pues en sus coordenadas, las mujeres son esos seres que se acercan a aquellos que pueden ofrecerles los lujos: a los que no agarran nada/ yo les puedo dar un tip/ con dinero y troca nueva/caen morritas vip (Calibre 50, 2011). Del mismo modo, en el ejemplo ya citado de “La plebe parrandera” que en la canción Ferrari deportivo, la versión de la masculinidad no se modifica, es decir, aún cuando la voz que enuncia es femenina no hay un cambio en la percepción ni en la ejecución del discurso; el hombre es violento socialmente, alcohólico y hedonista.

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La cultura de la violación normaliza la violencia ejercida contra la mujer y propone que hechos como el acoso y el abuso sexual son en realidad elogios que le otorga el hombre (y por los cuales debe sentirse halagada), que el valor de ésta se encuentra en función al deseo masculino y simplemente para satisfacer su líbido o su beneficio reproductivo o de estatus: “la verdad tú no la cuajas / Para mejorar mi raza” (Régulo Caro, 2014). La trivialización de la violencia genera que la violación se vuelva un hecho cotidiano e incluso un derecho del hombre. Esa representación afecta también la percepción del acto sexual, ya que éste se muestra como un evento en el cual el hombre domina sobre el cuerpo de la mujer. No hay un consentimiento frente a la penetración vaginal o anal, ni se piensa en el disfrute por parte de la mujer, por el contrario se habla de causar dolor hasta provocar la súplica.

En la letra de la canción de “El tierno se fue”, el deseo masculino se antepone al femenino, en lo que es una violación: Ya no me va a importar /Si mancho la cama /Con mi intensidad / Si no tienes ganas te voy a meter/ la idea de lo que quiero yo hacer (Calibre 50, 2011). Al interior de la letra hay también un juego con el doble sentido de la palabra. La hipersexualización del acto de habla, esa geografía en que todo puede ser malinterpretado, es una forma de violencia simbólica.  El albur implica una violación del otro, donde la introducción del pene se impone como un castigo. Al interior de la canción se insinúa la violación e inmediatamente se corrige con una palabra: Tomare tu cintura y te daré por /Detrás de tu cuello, morderte hasta hacerte llorar /Que rasguñes mi espalda y me digas que ya /Que te duele hasta el alma y no puedes más /Mientras grabo un video así, con mi celular. (Calibre 50, 2011).  El sexo anal carece de cualquier consideración y el cuerpo de esa mujer cosificada está únicamente para satisfacer los deseos masculinos. Además se afecta la privacidad al agregar el elemento de la grabación, y justo en esa escena el personaje/varón/vocalista se ríe mientras sucede la grabación dentro del video.

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En estas relaciones, la masculinidad y la feminidad conviven en medio de una jerarquía donde uno de los dos (siempre el sujeto masculino) ejerce un sometimiento sobre el otro (siempre el sujeto femenino). En este ejercicio de supremacía, la mujer sólo está en función del deseo de un solo sujeto, mientras que en el sentido inverso, el hombre únicamente responde a su propio deseo (con quien y cuantas quiera) y nunca al de ella. Como ejemplo están dos canciones del mismo grupo que tratan el tema de la infidelidad.

En “Una mala elección” (Calibre 50, 2014) ella le es infiel a él, por lo cual merece un castigo, incluso divino: “No te mientas / estas mal al pensar que soy un idiota / cada quien va a recibir lo que le toca / y Diosito te la tiene sentenciada. / Te dieron ganas / de destrozarme el corazón aunque te quiero / y a mi me dan ganas de destrozarte el cuello / con las cadenas de oro que otros te regala.”. Esto significa que la infidelidad femenina es castigada no sólo como pecado, sino como estigma, incluso como una sentencia de muerte; su sexualidad es peligrosa para ella misma. El feminicidio se plantea como un hecho cotidiano y como algo que la mujer “mala”, es decir, la que tiene un deseo individual y lo ejerce, merece.

Por otro lado en “Te estoy engañando con otra” (Calibre 50, 2011), él no sólo no es estigmatizado socialmente, sino que alardea de ser infiel, llama por teléfono a su pareja para decirle todo lo que está haciendo y lo hace con orgullo: “Te estoy engañando con otra / no me vayas a colgar / quiero que escuches los gritos / que la morra va a pegar / así soy de sinverguenza / no te vayas a enojar.” (Calibre 50, 2011) El personaje femenino, en lugar de reaccionar como lo haría cualquier sujeto masculino, lo que hace, en la historia presentada en el video, es buscarlo y hacer un trío. La heterosexualidad dentro de este género musical es obligatoria, a menos que sea para satisfacer la fantasía del hombre.

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Ya se ha dicho que el placer para el hombre es el único placer que importa, aún cuando éste sólo pueda ser alcanzado a costa de la voluntad femenina. Una constante que se ve en las canciones es la idea del hombre que construye a la mujer. Ella no es nada ni nadie hasta que tiene a hombre que le posibilita los medios económicos para convertirla en alguien de valor, el cual únicamente radica en su cuerpo. El tamaño de sus pechos, la silicona en el trasero, las extensiones, la ropa, el coche, etc., jamás se habla sobre la mujer como un ente pensante, sino como en mercancía o accesorio. Se puede ejemplificar esto con tres canciones: “Ni que estuvieras tan buena”, “Ahora resulta” y “Soltero Disponible”.

En “Ni que estuvieras tan buena” se despersonaliza a la mujer. Primero que nada el video no guarda relación con la letra de la canción. La letra trata sobre un hombre que se niega a rogarle a una mujer porque “ni que estuviera tan buena”, mientras suena la canción. El video inicia con la banda reuniéndose con un amigo en una casa lujosa, donde hay una sesión fotográfica a infinidad de mujeres en bikini. El resto del video es un poco de lo mismo, mujeres en bikini bailando y jugando mientras la banda aparece en distinto cuadros tocando. Una de las estrategias tanto de la propaganda como de cualquier producto (música, cine, revistas, etc.) machista y misógino es la uniformación de la mujer. Esto se logra de varias maneras, ya sea enfocando únicamente esas zonas que resultan atractivas al hombre, o sea, pechos y trasero, o, como es el caso del video, juntando a un gran número de mujeres que comparten desde atuendo hasta características físicas logrando así que, entre la multitud, ninguna se distinga como individuo, por ende se trata sólo de un accesorio bonito que no tiene voz ni personalidad.

El segundo ejemplo es el de “Ahora resulta”. Por mucho es uno de los ejemplos más claros de cómo, desde la masculinidad de este tipo de hombre, la mujer sólo valdrá en la medida que ella sea una buena inversión. Ella debe responder a todos los caprichos del hombre, porque su valor radica únicamente en su cuerpo, su ropa y el dinero. “Te compre ropa y bolsa de diseñador / Unos lentes con brillantes incrustados / Te puse pechos, te puse nalgas / y una cintura dónde tu tenías llantas / Te compre más zapatos que para un cien pies / y pestañas largas, negras y rizadas / Nariz bonita, respingadita / Y pa’ blanquearte te aplicaron concha nácar” (Voz de mando, 2012) Ella está en deuda con él, ya que él le otorga el acceso a un estatus social más elevado. Y es desde esa “deuda” que el hombre reclama cierto trato: Y ahora resulta/ que te sientes el más bello monumento/ fuiste una mala inversión y me arrepiento, pues tus palabras de amor arrastró el viento”. Y finalmente concluye con un: “Maldita puta, antes de mí, tú no eras nada” (Voz de mando, 2012).

Siguiendo con la desvalorización femenina, Régulo Caro nos regala el epítome de la objetualización femenina; desde video hasta letra, la mujer es reducida a objeto, como un mueble al inicio del video, donde una mujer pintada de dorado y desnuda completamente, sostiene una charola de la cual el protagonista y cantante toma un caballito de tequila, el personaje masculino no le dedica una mirada, sólo toma el caballito y sigue su camino. Hay también un par de mujeres adorno de mansión, que son dos mujeres quienes visten algo un poco más grande que una pezonera y una tanga, mientras se mantienen paradas a media escalera, quietas, una a cada lado del cantante. A ese video se le suma, la letra donde la mujer sólo vale por las “nalgas” que le puso un hombre: “yo sé que no vales nada / se te olvida que yo le pague al doctor / pa que te pusiera esas nalgas / con pestañas y extensiones / y las fajas atrincadas / te la tiras de la reina / y la gran diva no presumas perfección / yo te he visto desarmada.” (Régulo Caro, 2014) o su valor es el que su vientre y sus genes puedan ofrecer a la descendencia, además de ser sólo una opción de entre tantos otros vientres con pechos y nalgas: “tú ya no vas a ser mi capricho / la verdad tú no la cuajas / para mejorar mi raza / y para tu mala suerte / aquí en mi lista tengo varias candidatas.” (Régulo Caro, 2014).

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Los ejemplos sirven, de distintas maneras, para poner sobre la mesa cómo la masculinidad propuesta por este género popular de música, somete a las mujeres como objetos, adornos o inversiones. Con estos ejemplos es posible ver un paradigma de masculinidad anclado en los ideales del buchón, además de que fomentan una idea de la mujer como objeto intercambiable. En estas canciones el deseo y la voluntad femenina se ven anuladas. Además, el hombre es ponderado en la cantidad de objetos de lujo que posee. Al interior de las letras y de los videos, se normaliza la violencia como castigo merecido. Este recrudecimiento tiene que ver con la estética del Movimiento Alterado, la cual rescata los valores de la cultura del narcotraficante y lo sitúan como arquetipo de hombre. Sí, el norteño es patriarcal, pero las canciones del movimiento alterado son feminicidas.


Sobre las colaboradoras:

16244542_1842495245969056_1539131777_nMonserrat Acuña (Querétaro, 1994). Entusiasta jovencita que, con la dedicación propia de su género, estudia el último semestre de la Licenciatura en Estudios literarios en la Facultad de Lenguas y Letras de la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha demostrado su fino uso de la pluma en prestigiosas publicaciones como La Rabia del Axolotl, Revista Baquiana, Literalia, Monolito y Espora. Su discreta naturaleza le ha hecho interesarse en el estudio de la lengua y el ejercicio de la traducción.

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Andrea Domínguez Saucedo 10 de mayo 1993. México, D.F. La encantadora capitalina estudió la licenciatura en Estudios Literarios en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Se ha dedicado con ahínco a la escritura creativa. Es posible saborear sus letras en diferentes medios electrónicos. Actualmente, después de ocuparse de los quehaceres de su hogar, edita la Revista Literaria Aeroletras. Es una amante de la cocina y las buenas costumbres.

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