El poema descorazonador de Bianca Phipps

Bianca Phipps es actriz y poeta. Vive en Chicago. Se graduó de la Universidad de Norte de Colorado. Escribió el libro White River Happines. Es parte de la compañía del Nebraska Shakespeare Festival.

The Heartbreaker Poem
by Bianca Phipps

One. Your father speaks of his youth with revelry; spills his life across the table like an overturned drink covering everything. Your mother, doesn’t speak. Any stories of her premarital life come from your father’s mouth. He speaks of how he tamed her, saved her from a life of reckless abandon; clipped her wings to keep her from flying too close to the sun, but Icarus would’ve just as soon drowned than burned, and the silence in your mother’s mouth is a salt water darkness. She does not speak up to defend herself.Even now, years after their divorce your father’s voice can fill a room and your mother still makes space for it. When your mother teaches you not to be swallowed she is already sitting in the belly of the beast she once loved. You wonder if she has grown to love the darkness like she once loved the man.

Two. The day you learn the importance of emergency exits is the day your heartbeat stops sounding familiar. It is a stuttering tongue, a trembling hand. Your heart beats like closing doors, beats like your father’s fading footsteps, beats like every plea you will learn how to swallow; don’t go, don’t go, don’t go, don’t. Your father teaches you how to be the first one to walk away, leave before they realize you are not worth staying for.

Three. When your mother tells you not to be afraid of falling in love, you do not miss the way her hands shake, you wonder if they miss the handcuff weight of the ring that used to rest on that finger, wonder if you too will fall in love with a padlocked man. You begin to be wary of boys with birdcaged hands; they have mouths like oceans and your mother is still wringing sea water from her bones.

Four. You master the art of slipping away by starting small. Fix your body clock so you always wake up first, plot escape route like past time, force your heart to beat; just go, just go, just… Practice on the ones you love most, that way nothing can hurt you. You cannot break a mangled thing and you don’t know the last time your heart sounded like a heart.

Five. He tells you you eat like a bird. You tell him your mother taught you well. He laughs and reaches for your hand, you smile and begin to slip through the cage of his fingers.

Six. When boys begin searching for hospital room hearts you warn them yours is a broken glass bottle. They don’t care, or they don’t hear you. They cut themselves on sharp tongues trying to make finger paintings with the blood on their hands, make it sound so beautiful you almost believe them.

Almost.

Soon you know they will wake up with scars and blame you so you leave them a bandage in the dark and don’t look back. Leave, before they realize you are not worth scarring for.

Seven. You see every outstretched hand as a palm preparing to drown you, so you sink further underwater and ignore the burning in your chest. Run your fingers over every name that has left your mouth for the last time and tell your self you have done the right thing.

El poema descorazonador
por Bianca Phipps

Uno. Tu padre habla de su juventud con rebeldía; derrama su vida sobre la mesa como si tirara una bebida que lo cubriera todo. Tu madre, no habla. Cualquier historia de su vida antes del matrimonio viene de la boca de tu padre. Él habla de cómo la domó, cómo la salvó de una vida de peligro y abandono; cómo le cortó las alas para salvarla de volar demasiado cerca del sol, pero Ícaro se habría ahogado antes que arder, y el silencio en la boca de tu madre es la oscuridad del agua salada. Ella no levanta la voz para defenderse. Incluso ahora, años después de su divorcio, la voz de tu padre puede llenar un cuarto entero y tu madre aún hace espacio para eso. Cuando tu madre te enseña a no ser tragada, ella ya está sentada en el vientre de la bestia que una vez amó. Te preguntas si ella ha cultivado el amor a la oscuridad como cuando una vez amó al hombre.
Dos. El día que aprendiste la importancia de las salidas de emergencia, es el día en que tus latidos dejaron de sonar familiares. Es una lengua tartamuda, una mano temblorosa. Tu corazón late como puertas que se cierran, late como los pasos de tu padre que se esfuman, late como cada súplica que aprendiste a tragar; no te vayas, no te vayas, no te vayas, no. Tu padre te enseña cómo ser la primera en alejarse, vete antes que se den cuenta de que tú no vales lo suficiente como para quedarse.
Tres. Cuando tu madre te dice que no tengas miedo a enamorarte, no puedes dejar de ver cómo sus manos tiemblan, te preguntas si extrañan el peso esposado del anillo que solía descansar en ese dedo, te preguntas si tú también te enamorarás de un hombre candado. Comienzas a ser cuidadosa con los muchachos de manos de jaula; ellos tienen bocas como océanos y tu madre sigue escurriendo agua de mar de sus huesos.
Cuatro. Dominas el arte de escabullirte, comenzando poco a poco. Programas el reloj de tu cuerpo para siempre despertar primero, tramas tu ruta de escape en tiempo pasado, fuerzas a tu corazón a latir; sólo vete, sólo vete, sólo… Practicas en aquellos que amas más, así nadie podrá lastimarte. No puedes romper algo mutilado y no sabes cuándo fue la última vez que tu corazón sonó como un corazón.

Cinco
. Él te dice que tú comes como un pajarito. Le dices que tu madre te enseñó bien. Él ríe y busca tu mano, tú sonríes y comienzas a deslizarte a través de la jaula de sus dedos.
Seis. Cuando los muchachos comienzan a buscar cuartos de hospital para corazones, tú les adviertes que el tuyo es una botella de cristal quebrada. No les importa o no te escuchan. Se cortan a sí mismos con sus lenguas afiladas tratando de pintar con los dedos ensangrentados, lo hacen sonar tan lindo que casi les crees.
Casi.

Pronto sabes que despertarán con cicatrices y te culparán, así que les dejas un vendaje en la oscuridad y no miras atrás. Vete, antes de que se den cuenta que tú no mereces las cicatrices.

Siete. Ves cada palma extendida como una mano lista para ahogarte, así que te hundes aún más bajo el agua e ignoras el incendio en tu pecho. Pasa los dedos sobre cada nombre que tu boca haya dejado por última vez y repítete que has hecho lo correcto.

bianca

 


Sobre las traductoras:

16245004_10155046028882922_1412670157_oAnaclara Muro (Zamora, 1989). Después de decidir dedicarse a la eminente carrera de Letras Hispánicas, cultivó su formación en la creación literaria. Heredera de la tradición de la bucólica poesía, se desarrolló en el guionismo y otras artes. Participa con entusiasmo en el Slam Poético Queretano, Horizontal. Taller de escrituras y Lucha de Escritores Anónimos. En algunos momentos, en medio del ajetreo de la vida cotidiana, se detiene a traducir bellas poesías.
16244542_1842495245969056_1539131777_nMonserrat Acuña (Querétaro, 1994). Entusiasta jovencita que, con la dedicación propia de su género, estudia el último semestre de la Licenciatura en Estudios literarios en la Facultad de Lenguas y Letras de la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha demostrado su fino uso de la pluma en prestigiosas publicaciones como La Rabia del Axolotl, Revista Baquiana, Literalia, Monolito y Espora. Su discreta naturaleza le ha hecho interesarse en el estudio de la lengua y el ejercicio de la traducción.
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