I am like the other girls by Lara Witt

larawitt

Lara Witt es una escritora feminista desikeniana que reside en Estados Unidos. Trabaja como escritora independiente. Escribe sobre  racismo, feminismo, misoginia, recuperación de abuso sexual y violación, autocuidado y  sobre la existencia como mujer de color. Publica ensayos en Teen Vogue, Rewire News, WHYY Newsworks, BUST, Seven Scribes, entre otros.

Si quieres apoyar a la escritora  puedes hacerlo en:  cash.me/$LaraWitt o vía  paypal.me/LaraWitt

Puedes leer el texto original aquí.


Soy como las demás chicas
Porqué las relaciones entre mujeres son esenciales para sobrevivir.

por Lara Witt

(Usaré los términos mujer y mujeres, cuando los use, estaré incluyendo tanto a mujeres trans como cis).

Siempre que pienso en momentos cruciales que fueron traumáticos o que, de alguna manera, cambiaron mi vida, recuerdo cuán fundamentales fueron mis relaciones de amistad y familia con personas que se identifican como mujeres.

Con demasiada frecuencia las narrativas sociales sobre las relaciones entre mujeres se concentran en varios mitos sobre la malicia y la competitividad de la mujer contra la mujer. Se piensa que adolescentes y mujeres adultas compiten constantemente por el afecto masculino en detrimento de sí mismas, sus profesiones y su amistad con otras mujeres.

¿Puedes recordar alguna vez haber sentido que que debías impresionar a un hombre o chico heterosexual cisgenero (cishet) diciendo que no eras como las otras chicas? ¿Como diciendo que estabas “libre de drama” y no eras “demasiado demandante”? Yo definitivamente puedo. Puedo recordar que en el momento en que esas palabras salieron de mi boca, supe que estaba mintiendo. Yo era como las otras chicas y disfrutaba ser una de ellas.

La dominación patriarcal exige la ruptura de las relaciones centradas en las mujeres y la sororidad. Cuanto más disentimiento hay entre nosotras, más hombres pueden beneficiarse de nuestra falta de empoderamiento. Nos volvemos más dependientes de esa falsa seguridad que los hombres dicen ofrecernos, cuando de hecho, esa es la mentira más grande de todos los tiempos. Créanme cuando digo que los hombres cishet dirán y harán cualquier cosa sólo para aislarnos con la intención de explotarnos a nosotras y a nuestro trabajo.

Las mujeres jóvenes crecen creyendo que sus relaciones y su proximidad a los hombres es lo que nos define como seres humanos. Somos criadas y socializadas para ser madres, hijas, sobrinas, novias o esposas. Necesitamos criar, tener hijos, mantener familias, cogernos a nuestros maridos (en las relaciones heterosexuales), ir a nuestros trabajos, ser poco asertivas con  nuestros colegas masculinos, proporcionar comida y trabajo emocional a cualquiera que lo solicite, lucir hermosa (no demasiado hermosa), estar disponible (no demasiado desesperada) y constantemente, ser mejor que otras mujeres.

¿Saben cuán agotador es esto? ¿Saben qué tanto es una pérdida de tiempo? ¿Saben por qué nos enseñan a hacerlo? Porque nos distrae de aquello que realmente deberíamos estar haciendo: priorizándonos a nosotras mismas, a nuestro placer y a nuestras amigas y amistades femeninas.

Recientemente mi suegra me dijo que otros se sorprenden de la profunda amistad  y cariño que hay entre nosotras. La narrativa común de las madres que son extrañamente territoriales con sus hijos termina en una competencia intensa entre dos mujeres que luchan por la especial atención de un hombre.

Las narrativas de mujeres enfrentándose unas contra otras son tan comunes, simplemente échenle un vistazo a cualquier titular sensacionalista. De acuerdo con las ideologías patriarcales más populares, las mujeres pueden triunfar únicamente si están derribando a otra con su éxito. Estas narrativas son las dominantes porque los hombres no necesitan entender nuestras dinámicas ni cómo es que conseguimos nuestros logros. Lo único que saben es cómo ellos logran la grandeza a través de la destrucción, la codicia, el robo, la opresión y la explotación. Su imaginación no puede siquiera concebir cómo algo puede ser hecho a través de rasgos “femeninos”, así que reflejan lo peor de la masculinidad y tratan de hacernos creer que, de hecho, es lo peor de la feminidad.

Después de años de deshacer cantidades traumáticas de misoginia internalizada, me he dado cuenta de cómo demonizamos las cualidades femeninas y las etiquetamos como débiles, malas o destructivas. En realidad, los peores rasgos, los más destructivos y débiles son, de hecho, masculinos, y también son conocidos como masculinidad tóxica.

Lo que ustedes ven como “demasiado selectiva” (o demasiado picky picky picky), yo lo identifico como reconocer mi valor y no bajar mis estándares a hombres que quieren que acepte su analfabetismo emocional y su egoísta necesidad de dominación. Lo que tú ves como “ser cabrona”, yo lo veo como autocuidado. ¿Perra? Así es como nos llamas cuando les exigimos que rindan cuentas por sus acciones o errores. ¿Dramáticas? Pienso que es un modo efectivo de invalidar nuestras experiencias y emociones. Nuestras reacciones al abuso son las correctas, pero se nos ha dicho que soportemos estas cosas porque los hombres cis necesitan espacio para “crecer” y ejercer su masculinidad, incluso en detrimento de nuestras propias vidas.

Estos patrones de comportamiento, propios de los hombres cishet, no siempre se ejecutan en un nivel completo de comprensión. Estos comportamientos son sistémicos y están arraigados en el tejido social de nuestras vidas. A veces hacemos o decimos estas cosas sin entender completamente la estructura opresora detrás de ellas, por eso, ayuda visualizarlos como patrones en lugar de comportamientos individuales.

Es más fácil crear un cambio social cuando comprendemos de qué modo nuestros grupos están siendo marginados, explotados y oprimidos. Sólo entonces podemos aplicar estas teorías a nuestras vidas y responsabilizar al patriarcado y a los hombres como individuos.

Mis relaciones más sanas siempre han sido con compañeras que se identifican como mujeres. Mi abuela y yo establecimos un vínculo sólido durante mi crecimiento, ella fue mi más grande apoyo e inculcó en mí, la confianza que necesitaba para crecer y florecer. Mis mejores amigas a través de la escuela fueron esenciales para entender el respeto y la empatía por la forma en la que nos relacionábamos. Tuvimos espacios donde alimentamos y apoyamos nuestros sueños. Como sobreviviente de violación y abuso, mis relaciones con las mujeres me trajeron de vuelta del borde de la destrucción.

La sororidad es una forma de vida, una cura contra los sistemas de opresión. Las comunidades que hemos creado para cada una de nosotras nos han mantenido a salvo de esferas dominadas por hombres cis heterosexuales, con demasiada frecuencia esto es algo que los hombres encuentran amenazador, por eso existe tanta burla a nuestros espacios seguros y las advertencias de peligro.

Los hombres cishet no sólo se burlan de las relaciones de mujeres heterosexuales y queer, además las sexualizan o imponen su mirada para sentir que están recuperando cierto sentido de control agarrándose a las narrativas que endurecen sus vergas y reducen las amistades de las mujeres a algo en donde pueden ser voyeurs y sentirse consolados.

En los últimos años de mi adolescencia, cuando le decía a los hombres que me iba a dormir a casa de mi mejor amiga y no a sus pinchurrientas almohadas de soltero, inmediatamente solicitaban una invitación para formar parte de nuestra “fiesta lésbica de tijeras y cuchareo”, o a mirarnos desnudas tener peleas de almohadas. La imaginación de los hombres cishet está limitada por su falta de respeto y comprensión de las mujeres. La idea de que nuestras relaciones sólo son beneficiosas si están hipersexualizadas es omnipresente y lo vemos repetidamente en películas y libros. La idea de la intimidad no sexual, es una idea con la que muchos hombres luchan.

Desde mi experiencia personal, he notado que los hombres envidian nuestra capacidad de empatizar y crear vínculos emocionales entre nosotras, y en lugar de expresarlo de una manera productiva, hacen de nuestros lazos entre mujeres, objeto de burlas o mentiras. La vulnerabilidad entre nosotras es una fuerza que nos permite tener una vida más sana y más plena, nunca debemos olvidar protegernos a nosotras mismas y a las demás, porque es una forma válida de resistencia y cariño.


Sobre las traductoras:

16244542_1842495245969056_1539131777_n Monserrat Acuña (Querétaro, 1994). Entusiasta jovencita que, con la dedicación propia de su género, estudia el último semestre de la Licenciatura en Estudios literarios en la Facultad de Lenguas y Letras de la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha demostrado su fino uso de la pluma en prestigiosas publicaciones como La Rabia del Axolotl, Revista Baquiana, Literalia, Monolito y Espora. Su discreta naturaleza le ha hecho interesarse en el estudio de la lengua y el ejercicio de la traducción

16245004_10155046028882922_1412670157_oAnaclara Muro (Zamora, 1989). Después de decidir dedicarse a la eminente carrera de Letras Hispánicas, cultivó su formación en la creación literaria. Heredera de la tradición de la bucólica poesía, se desarrolló en el guionismo y otras artes. Participa con entusiasmo en el Slam Poético Queretano, Horizontal. Taller de escrituras y Lucha de Escritores Anónimos. En algunos momentos, en medio del ajetreo de la vida cotidiana, se detiene a traducir bellas poesías.

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