Ser un cerillo. Escribir desde la rabia

¿Porque cómo se explica que
nunca es la inspiración
lo que empuja a nadie a
contar una historia, sino,
más bien, una combinación
de rabia y claridad?

Valeria Luiselli

No, no temí la pira que me consumiría
sino el cerillo mal prendido y esta
ampolla que entorpece la mano con que escribo.

Rosario Castellanos

Ser un cerillo

Esther M. García puso el dedo en una llaga muy sensible. Ese tema que nos está enrareciendo el tufillo intelectual: el privilegio.

Escribir desde el privilegio, opinar desde el privilegio, juzgar desde el privilegio.

¿Por qué cualquiera no puede opinar sobre cualquier tema?

Claro que es un país libre y un mundo libre y todos podemos balbucear cualquier ruido que nuestra aparato fonador nos permita.

La cosa es que se nota quién lo dice y por qué. Y a Valeria se le nota el privilegio, se le salió pues. A pesar de que ha manifestado su sensibilidad y su interés por comprender al otro, al alien, al marginado, al niño perdido que no pertenece a la sociedad en forma.

Opinar sí, con la consciencia de por qué, cómo y cuándo. Opinar con la certeza de que hay una responsabilidad detrás de las palabras pronunciadas.

Esther M. García dice en respuesta a un comentario mansplicador que apela a la sororidad para defender a Luiselli de ataques personales, que hay temas que la prenden: ella es un cerillo.

¿Cómo es que cualquier mexicana no se prende con un artículo donde se dice que el feminismo está superado? ¿Cómo una mujer de Ciudad Juárez no va a enojarse? ¿No es un insulto decir que una postura política no es una forma de pensamiento? ¿Que el feminismo le produce bostezos porque pensar la realidad no es interesante?

Sabrá dios qué intrincados pensamientos abstractos valorará Luiselli. Qué grandes N-Hombres de la Historia del Pensamiento le parecerán más urgentes de leer que Susan Sontag o Rebecca Solnit. Eso no significa que pueda descalificar al feminismo, o que pueda reducirlo a un cartel en una marcha. Decir que para ella las luchas de éste son temas superados, solamente permite ver cómo su privilegio la ciega de la realidad.

Contestar a un ataque así era necesario. Lo insultante es el texto pero también la ligereza con la que alguien, que no ha sufrido en la vida, se permite opinar. Hay que enunciar sus privilegios para entender por qué tiene ese punto de vista. Hay que enunciar sus privilegios para hacer evidente la injusticia, para comprender el cuadro completo. Hay quien ha interpretado la respuesta como envidia o resentimiento. No es que esté mal que Valeria sea exitosa, publicada o bonita. Pero es necesario tener consciencia de cómo se posiciona en el mundo. Si eso le da muchísima flojera, tendrá que enfrentar las respuestas.

No me sorprende la respuesta positiva y defensora de muchas personas: la postura de Luiselli es cómoda. Los que la defienden parecen defender sus propios privilegios, su “libertad” para hablar de cualquier tema sin ser responsables de nada. Y ya de una vez, aprovechar para tirar algunas patadas: que si las feministas son gordas y feas, clasistas (porque critican a la escritora hija de un funcionario) y además, tienen mucha envidia.

Nadie la está insultando. La respuesta de Esther M. García pudo ser mucho más meditativa y argumentativa, pudo haber analizado por partes el discurso de Luiselli, como esa en la que habla de las mujeres brillantes como si fueran tontas, porque cambian sus ideas por posturas. ¿Las decisiones no se piensan? ¿Las posturas no tienen detrás un discurso, un análisis de la realidad? Critica a su sobrina por leer a mujeres brillantes. ¿Eso no es contradictorio?

Pero Esther contestó desde la rabia. Le piden serenidad, argumentación impecable, palabras complicadas, en resumen, elegancia. Ese valor burgués, podrido, opresivo y deshonesto del que tenemos que deshacernos urgentemente.

Ser de Ciudad Juárez, ser mujer, ser una hija de una obrera, tener una hija, vivir en México.

¿Piden paciencia, comprensión, delicadeza para una escritora prestigiosa? Me parece que es imposible. Para ella no hay, porque si tiene un espacio como una columna en el País, tendría que asumir la responsabilidad que conlleva.

Si intentó ser mordaz o propositiva falló. Su discurso fracasó y la causa es que se enuncia desde el privilegio. Nadie dice que no pueda escribir, pero ojalá que la próxima vez, lo haga con la consciencia de dónde está parada.

Esther respondió con hechos incuestionables, existe el privilegio y existe la violencia. ¿Dónde está la falla discursiva?

Queridos mansplainadores, no apelen a la sororidad para evitar que cuestionemos a Luiselli. La sororidad no puede ser pretexto para la validación de discursos hirientes. Cuestionar y criticar aquello que se escribe, desmenuzar los qués y cómos son tareas que no haremos a un lado.

EQUIPO EDITORIAL

EL PERIÓDICO DE LAS SEÑORAS


Les dejamos el texto de Esther M. García:

Querida Valeria:

Leer tu artículo Nuevo feminismo me ha dejado una cosa muy clara: tú no formas parte de ese grupo de “mujeres brillantes” del que te mofas. Te falta valor.

Así como dices no saber nada de carreras espaciales, también se puede ver que no sabes nada del feminismo, ni de cómo viven cientos, miles de mujeres en el mundo ante la opresión y la violencia.
Tú no lo sabes, ¿cómo podría saberlo la hija de un diplomático que habla desde su posición de privilegiada?

Valeria,

¿Sabes lo que es trabajar dobles turnos con jefes que te acosan, te manosean?
¿Sabes lo que es ir a trabajar a las cuatro de la mañana, caminar por baldíos, por zonas sin luz y que alguien te viole, te secuestre o te asesine?
¿Sabes qué es tener un aborto en un IMSS  y estar en la sala junto a 13 mujeres esperando tu turno, en un lugar donde no hay medicamentos, el doctor sólo tiene limpio un guante para realizarte la cirugía, y las embarazadas se resbalan en el piso con la sangre de otras pacientes porque, en en lugar, no hay quien limpie?

¿Lo sabes?

No

Claro que no. Tú tuviste la fortuna de tener un chofer que te esperaba afuera de tu casa para llevarte siempre a tu colegio, a donde quisieras.

Supongo que una mujer tan inteligente y educada como tú, que se sentó en el regazo de Nadine Gordimer y que estudió al lado de las nietas de Nelson Mandela , jamás podría imaginarse el mundo real en donde, día con día, miles de mujeres son asesinadas por ser sólo mujeres, animales, una cosa inútil e inferior.

¿Sabes cómo mueren las mujeres en Ciudad Juárez?
Son secuestradas, torturadas. Maniatadas, sufren de violaciones multitudinarias, las acuchillan, les arrancan los senos, o partes de la piel, a mordidas. Como si esto no fuera poco, las queman. Eso era cuando aparecían en un solar los cuerpos abandonados. Ahora las disuelven. ¿Sabes cuántas desaparecidas hay actualmente en esa ciudad? Más de setecientas y faltan las que sus familiares no han denunciado por miedo a que les pase algo.

¿Crees que no necesitamos feminismo en esta época?

¿En qué mundo del espacio exterior vives?

Los razonamientos que utilizas en tu artículo para el periódico El País son degradantes. Pareciera que no te das cuenta que esa ironía y sarcasmo que utilizas también te afecta.

Si las mujeres en la era del Sputnik, y antes de Nixon, no hubieran proclamado sus derechos, no se hubieran atrevido a ser valientes, TÚ no estarías haciendo una columna para un periódico, menos para uno tan conocido como lo es El País.

¿Crees que escribir un artículo desde la comodidad de tu casa es muchísimo más brillante que arriesgarte a salir a la calle y apoyar, hombro con hombro, a mujeres (y hombres) que está clamando por sus/tus derechos, por la igualdad de condiciones y la libertad de que tú/yo podamos decidir por NUESTRO cuerpo?

Me parece que a pesar de ser una persona que ha viajado y visto el mundo, te ha faltado conocer en verdad el mundo que te rodea. No como esa caricatura de seres apartados que viven en lo aislado y cómodo como en la ficción, sino ver a los hombres y, en especial, a las mujeres sobreviviendo en un mundo que nos está consumiendo.

Dices: “frente a la catastróficamente imbécil realidad actual todas las mujeres brillantes que conozco han tenido que intercambiar sus ideas por posturas; tenido que remplazar el libre ejercicio del pensamiento complejo por el aburrido derecho a salir a la calle con cartulinas”

Yo te respondo: si utilizar mi libre ejercicio de pensamiento complejo se reduce a un artículo como el tuyo, prefiero tomar valor, pararme de mi cómodo asiento de escritorio y salir a las calles.

PD: Es una lástima que cambiaras el artículo original, el valor también consiste en sostener lo que se piensa contra viento y marea. Parece que ambos te sepultaron.


Sobre la autora:

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Esther M. García (Cd. Juárez, Chihuahua, México, 1987). Licenciada en Letras Españolas. Publicó los siguientes libros: La Doncella Negra (La Regia Cartonera, 2010), Sicarii (El Quirófano Ediciones, 2013, Ecuador; IMCS, 2014), el libro de cuentos Las tijeras de Átropos (Editorial UA de C, 2011) y Bitácora de mujeres extrañas (Tierra Adentro, 2014) Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2014.

Parte de su obra ha sido antologada en Los Nuevos Perros Románticos (Ediciones digitales Ohcultos, Perú, 2010), México lindo y querido. Reunión actual de poesía mexicana con causa (Acequia va de nuez/UANL, 2011), Three Messages and a Warning (Small Beer Press, EU, 2011),  Espejo de doble filo. Antología binacional de poesía sobre la violencia. México-Colombia (Atrasalante, 2014) y La piel del animal acorralado / Antología personal (SEC, 2014).

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