Valentina Díaz: No hay respeto por el oído ajeno

Oreja

Por Valentina Díaz

Del otro lado de la puerta suena la radio
La Trevi grita que la mamila soy yo.
La gente habla tanto que cacarea
Tacones altos caminan detrás mío apresurándome
Claxons, escapes, motores y balatas averiadas
Vendedores insistentes.
“Pásele güerita, aquí todo barato.”
Allá afuera todo el mundo pregunta demasiado.
Bla, Bla, Bla, Bla.
Un gruñido, un estornudo, un “salud” y luego un “gracias”.
Los celulares suenan; llamada telefónica por aquí, mensaje de texto por allá mensaje de texto por allá, mensaje de texto por allá, mensaje de texto por aquí.
Los cuchillos rechinan en los platos
La sopa se sorbe estridentemente.
Los vegetales y las manzanas son aporreados por los dientes con la boca abierta.
El ladrido de la ciudad que no se detiene nunca
que sólo dormita en la madrugada.
No hay respeto por el oído ajeno
Adentro también hay voces, que existen cuando parece que todo lo demás calla,
“¿Apagué la estufa?”
“Hace tres días que Bola de nieve no viene a comer ¿le habrá pasado algo?”
“Ya engordé. Seguro que el vestido azul no me cierra”
A veces, para no escucharme, me dan ganas de salir.
Me dan ganas de emborracharme y arrastrar las palabras para no entenderme.
Me dan ganas de pararme junto a las bocinas, ver a la gente abriendo y cerrando la boca sin que yo alcance a escucharla.
Me dan ganas de coger con un desconocido que me agarre del pelo y grite mi nombre, que todos sus vecinos sepan cómo me llamo.
Me dan ganas de que lo único que escuche sea el reggaeton de la radio del taxista que me lleva a mi casa a las 6 de la mañana.
Y a veces, lo hago.
Cuando regreso escucho el rumor de afuera y prefiero quedarme adentro.
Adentro no suena el teléfono
Sólo me llaman de vez en cuando los gatos.
Los vecinos mueven los muebles tan despacio
Que parece el mar que viene y va.
Adentro no suena la licuadora.
No hay mensajes de texto ni alarmas.
No hay engranes, hay reloj digital.
La Trevi me susurra desde el tercer piso que todavía hay más mañana.
Regreso y me da tanto gusto que nadie me hable.
Abrazo mi fría almohada y duermo en completo silencio.
Me doy cuenta que la compañía humana está sobrevalorada.


Sobre la autora:
425996_1514988805379442_222605162523699674_nValentina Díaz es una talentosa señorita y ha decido regalarnos una pequeña muestra de su trabajo. Actualmente cursa el segundo semestre en la brillante carrera de Lenguas modernas en Inglés que ofrece la magnánima Universidad Autónoma de Querétaro. Ha publicado en la revista Prosvet y nos ha deslumbrado con sus letras en el prestigioso Slam Poético Queretano.

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