¿Ya se te pasó el tren?

por Janis Jacobo

Ser pretreintañera debería ser algo normal, sin embargo, ha sido uno de mis temas recurrentes en terapia y creo que hasta ahora voy cayendo en la cuenta de por qué me cuesta tanto aceptar que se envejece.

Desde mi niñez, las mujeres que conocí pertenecían a la cocina, las manualidades, y las compras. En aquellos días, había que ayudar en las faenas de la casa, además de ir al mercado, trabajar en la cocina, tender camas y tener un carácter apacible. Fue muy difícil, en especial lo del carácter apacible. Me la pasé quejándome amargamente de porqué yo tenía que hacer todo eso además de estudiar, (ja) nunca me pareció justo. Mi madre decía que en casa se ayudaba por voluntad y no por obligación, no entendía por qué decía la voluntad sí era obligatoria. Creo que mi madre también se sentía oprimida, pero no sabía cómo afrontar esa realidad.

A pesar de eso, nunca fui una niña muy rebelde y, afortunadamente, en casa siempre hemos podido hablar sin miramientos ni pelos en la lengua. De repente cuesta mucho hacerse entender, pero no por eso es válido dejar de alzar la voz.

Hoy entiendo que no se pueden seguir patrones con los que una no coincide, que tarde o temprano se tiene que cortar en algún lado y por fortuna me tocó ser la primera mujer de mi familia que terminó una carrera universitaria y encontró un trabajo agradable que no esclaviza ni maltrata, que es independiente, que no es madre y no está casada.

A veces tengo un sentimiento agridulce al respecto, me siento feliz haciendo lo que hago, pero siempre hay alguien que no comprende y juzga, que le da miedo saber que hay otras formas de felicidad más allá del marido y el trabajo en casa, no entienden por qué sigo escribiendo poesía o cuentos, o gastando mi dinero en libros, se espanta porque me gusta beber y fumar o hacer viajes y tener planes con amigas y amigos.

Tener casi treinta años y seguir escuchando frases como ‘ya se te pasó el tren’, ‘te vas a quedar sola’, etc., ha hecho mella en mi salud emocional. Y no es que no quiera, sí tengo deseos de formar una vida en pareja, al igual que podría querer ser madre algún día, pero no quiere decir que por tener la edad que tengo, deba apresurar todo y ponerme ‘las pilas’ para no quedar como la ‘solterona’. La edad no es tan importante, pero el mundo alrededor parece no estar de acuerdo.

Y yo sé que no debería dejarme llevar por el mundo, que tengo mi criterio, que debo luchar por lo que sé que soy y lo que quiero, sin embargo, siempre es difícil. Por fortuna, últimamente he conocido personas maravillosas, mujeres que entienden la transición por la que paso, porque de algún modo también estuvieron ahí, y es mucho más fácil encontrar modos empáticos de enfrentar la realidad. Hoy entiendo la importancia que tiene la amistad femenina, la comprensión entre nosotras, el darnos la mano y dejar de criticar y ser duras o envidiosas, no tiene sentido.

La familia es muy importante. Crecí rodeada de hombres, jugué con mis hermanos en canchas de football, anduvimos en bici, patineta, patines, corrimos, nos raspamos, peleábamos siempre, y los amo, al igual que a mi padre. Siempre compartimos afinidades, y es sabido por los que me conocen, que mi relación con él es ideal, siempre he tenido su apoyo y su amor incondicional, no tengo problemas con el sexo masculino. Papá siempre me ha cuidado mucho, me ha querido alejar de peligros, de poner mi integridad en riesgo, me ha protegido todo lo que ha podido, y me ha enseñado a vivir para mí misma.

Sin embargo, hasta hace poco –tras contarles a los tres hombres de mi vida una situación que me puso en riesgo–, mi padre comprendió que no es que yo deba dejar de caminar por ciertas calles por la noche, o que tenga que acompañarme alguien para estar segura, que no puede pasar por mí siempre para tenerme protegida, que quien debe aprender a respetar es el hombre, que son ellos quienes deben entender que una mujer debe poder salir a caminar sola y trasladarse sin temor a que la violen, secuestren o roben sus pertenencias.

Yo tampoco lo había entendido bien, pero es cierto: no debemos necesitar la compañía masculina para que nos respeten. Últimamente a cada hombre que me dice algo irrespetuoso en la calle, o me da un saludo matinal acompañado de una mirada lasciva le respondo, y eso los deja mudos. Da mucho miedo hacerlo, lo confieso, no sabes cómo te puedan responder o lo que puedan hacer, pero en este punto de mi vida ya estoy cansada de dejar que eso pase.

Lo mismo debemos hacer con todos aquellos que no entienden que se puede tener preferencias de vida distintas, las amigas, los amigos, los compañeros de trabajo, la gente de la familia que no ves seguido pero que la vez que se encuentran, el tema de discusión principal es tu vida de pareja y la edad; es necesario dejar de acusarnos y juzgarnos.

Tal vez eso explique la forma en la que pienso a mis casi treinta, no necesito legitimarme en un hombre, sin embargo, sería más fácil si nos apoyamos entre nosotras, si dejamos las preguntas incómodas sobre matrimonio, hijos, que por qué no te compras un auto o una casa, por qué no dejas de ir a fiestas, etc. Hay que demostrar la madurez, hay que hablar de los problemas reales, de las inquietudes intelectuales, de libros, cine, comida, anhelos, y de todo aquello que nos haga sentir contentos con la edad que tenemos y no como un peso más en nuestras vidas.


17124363_10155089218163934_1804484758_nSobre la autora:

Janis Jacobo (Querétaro, 1987) Esta jovencita queretana egresó de la prestigiosa Licenciatura en Derecho de la Magnánima Universidad Autónoma de Querétaro. En el 2016, bajo el sello de Editorial El Humo, vertió sus primeras letras en el poemario Venimos de gente mala. Es posible encontrar sus bellas palabras, hechas cuento y poesía, en el Suplemento Cultural Panóptico, Semanario Tribuna, Aeroletras, el Humo, entre otras publicaciones.

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2 comentarios en “¿Ya se te pasó el tren?

  1. Margarita Ramirez Bahena

    Es muy interesante esto que publica Janis para todas las mujeres. Quisera inscribirme a su sitio y recibir publicaciones tan interesantes como esta y tal vez también publicar algo de lo que yo escribo

    Me gusta

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