El NO es una palabra que hace ruido

“Yo hablo como proletaria de la feminidad: desde aquí hablé hasta ahora y desde aquí vuelvo a empezar hoy”
Virginie Despentes

La aldea de mi infancia era femenina. De mujeres. No recuerdo voces masculinas. Lo tengo muy presente: la guerra la relatan las mujeres. Lloran. Su canto es como el llanto”, escribe Svetlana Alexiévich en La guerra no tiene rostro de mujer. El ejercicio testimonial nos ayuda a difundir cierto contexto histórico, de ahí que la prueba testimonial tenga carga legal dentro de un proceso jurídico. En la actualidad es más complicado que los actos violentos pasen desapercibidos, la comunidad ha comenzado a visibilizar con mayor fuerza toda clase de violencias, tanto simbólicas como materiales.

Para bien o para mal, las redes sociales propagan ciertos hechos violentos, polarizando opiniones como en todo debate público. Lo que sucedió con Tamara De Anda es uno de los millones de casos que ocurren día con día alrededor del mundo. Sin embargo, es importante acotar que viralizar la denuncia puso en la mira de muchos a las autoridades. Lo cierto es que la denuncia escandalizó a la sociedad porque todavía no tenemos una cultura de la legalidad en torno a la denuncia, no la vemos como nuestra “mejor” arma, como reza un slogan del Estado, y esto sucede porque es el propio Estado, a través del poder judicial, el que nos ha dado claros ejemplos de que no siempre representa protección. Por tal motivo el que alguien haya denunciado y recibido respuesta es lo que a muchos escandalizó, al grado de minimizar la denuncia alegando que tuvo respuesta porque influyó el clasismo y los privilegios que agradan a la justicia.

Lo anterior confunde y polariza las posturas, en primera porque intentan justificar el piropo emitido por el señor, alegando que no es lascivo y minimizando el acoso sexual; y en segundo porque estamos acostumbrados a que el hostigamiento sexual nunca es reprendido. Durante años el piropo se instaló como una práctica normal y de cortejo, cuando en realidad es una amenaza que deja en estado de indefensión a quien es dirigido.

Para argumentar lo anterior, creo que es importante que se sepa que el acoso, hostigamiento y abuso sexual son delitos distintos, por lo tanto se tipifican de forma diferente. Conocer la diferencia de éstos hará que antes de emitir cualquier comentario a favor o en contra de la víctima tengamos un sustento legal en el cual entablar lo dicho, no porque todos tengan que ser unos especialistas en el derecho penal, sino porque, como ciudadanos, es importante informarnos de los delitos recurrentes para fortalecer la cultura de la legalidad y evitar que pensemos que un piropo callejero es una práctica normal y justificable. Ya se emitieron diferentes opiniones, análisis sociológicos y lingüísticos sobre el caso, por lo que ahora propongo acotarnos a la interpretación del marco legal sobre el tema, ya que no es un asunto privativo de una persona, lo que ocurrió debemos despersonalizarlo para accionar.

El Código Penal Federal en el Título Quinto, Delitos contra la Libertad y la Seguridad Sexuales y el Normal Desarrollo Psicosexual establece en su artículo 259 Bis al hostigamiento sexual de la siguiente forma

Al que con fines lascivos asedie reiteradamente a persona de cualquier sexo, valiéndose de su posición jerárquica derivada de sus relaciones laborales, docentes, domésticas o cualquiera otra que implique subordinación, se le impondrá sanción hasta de cuarenta días multa. Si el hostigador fuese servidor público y utilizare los medios o circunstancias que el encargo le proporcione, se le destituirá de su cargo. 

Comete el delito de abuso sexual quien ejecute en una persona, sin su consentimiento, o la obligue a ejecutar para sí o en otra persona, actos sexuales sin el propósito de llegar a la cópula. 

El Código Penal Federal tipifica el acoso dentro del delito de hostigamiento sexual distinto al Código Penal del Distrito Federal que en su artículo 179 tipifica el acoso sexual separado del hostigamiento sexual de la siguiente forma:

A quien solicite favores sexuales para sí o para una tercera persona o realice una conducta de naturaleza sexual indeseable para quien la recibe, que le cause un daño o sufrimiento psicoemocional que lesione su dignidad, se le impondrá de uno a tres años de prisión. Cuando además exista relación jerárquica derivada de relaciones laborales, docentes, domésticas o de cualquier clase que implique subordinación entre la persona agresora y la víctima, la pena se incrementará en una tercera parte de la señalada en el párrafo anterior.

Si la persona agresora fuese servidor público y utilizara los medios o circunstancias que el encargo le proporcione, además de la pena prevista en el párrafo anterior se le destituirá y se le inhabilitará para ocupar cargo, empleo o comisión en el sector público por un lapso igual al de la pena de prisión impuesta. 

Tanto el hostigamiento sexual como el acoso sexual se perciben por querella, es decir, a petición del ofendido.

¿Cuál es la diferencia entre los tres delitos? Es la pregunta clave que nos ayudará a distinguir esta clase de hechos. En el hostigamiento sexual la conducta intimidatoria debe ser de forma reiterada; en el acoso sexual la conducta intimidatoria debe ser indeseable, es decir, es una conducta que la víctima no solicitó; y en el abuso sexual ya existe una ejecución de actos sexuales en contra de la víctima sin llegar a la copula. Además hay que agregar que la penalización es mayor si el agresor tiene una posición jerárquica sobre la víctima, es decir, si los une una relación laboral, docente o domestica; si el agresor es familiar la pena será mayor. Estos tres delitos son cometidos a diario en la calle y la mayoría de las víctimas son mujeres. La denuncia no siempre es la mejor arma de las víctimas ya que el proceso burocrático de presentar la denuncia en el Ministerio Público pone a la mayoría de las víctimas en estado de vulnerabilidad, por eso es importante no restarle importancia a las denuncias de acoso sexual, ya que hacerlo y que la autoridad responda, es un primer paso para seguir ejerciendo presión al cumplimiento estricto de nuestro derecho a la denuncia y a una vida libre de violencia.

Como abogada he presenciado cómo la víctima se ve expuesta a procesos largos de la burocracia judicial y al desgaste de las pruebas periciales cuando se decide a interponer una denuncia. Es ahí cuando nuestra labor debe ser vigilar que no se violente ninguno de sus derechos durante el trámite. Tristemente algunas víctimas desisten de continuar con el proceso por lo desgastante que suele ser, pero eso en lugar de quitar un peso lo hace más grande, porque justo por no denunciar y señalar esa clase de actos, es la razón por la que con toda impunidad se siguen normalizando como mera galantería. Comprender bien de qué van cada uno de estos artículos que penalizan la violencia psicosexual evitará que se siga pensando que interponer denuncias es una exageración, porque ante la ley ningún acoso es menor y esta clase de actos desencadena peores conductas en contra de las víctimas. Puntualizando este precepto jurídico El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento. Si en verdad queremos erradicar los altos índices de feminicidios, comencemos por hacer visibles estas prácticas para atender el problema desde el inicio y no cuando ya es irreparable, a eso se le llama cultura de la legalidad y de la prevención de delito.

Lamentablemente se viven diferentes clases de violencia de género en este país, por eso es importante también hacer visibles las iniciativas de ley que previenen y sancionan conductas en deterioro de la población que antes no tenía un encuadramiento legal. Y me refiero a la iniciativa presentada en 2015 por parte del Senado de la República para sancionar en el Código Penal Federal lo que llaman coloquialmente como la “pornovenganza”, que es la difusión de imágenes o comunicaciones reservadas o privadas de la pareja, compañeros de trabajo o amigos. En la exposición de motivos de la iniciativa de ley citan un estudio realizado por integrantes de la Universidad de Maryland Francisco King Carey Escuela de Leyes, a la Universidad de Yale; la escuela de Leyes de Stanford y la Escuela de Leyes de la Universidad de Miami, que muestra a las mujeres como las principales afectadas de esta práctica de exhibir escenas de su actividad sexual. Muchos países ya legislan el tema como España, Chile, Reino Unido, Japón, Brasil y el estado de California en Estados Unidos. La iniciativa que presentó el Senado planteaba reformar los artículos 210 y 267 del Código Penal Federal. La adhesión al código que se propone para la tipificación y sanción del delito es la siguiente:  

Artículo 267.– Comete el delito de abuso por divulgación toda persona que fotografíe o grave, mediante cualquier método, la imagen desnuda, parcial o total, de una persona y, subsecuentemente, distribuya la imagen a cualquier medio, virtual o impreso, de divulgación pública, sin su consentimiento. También se considera que comete el delito referido en el párrafo anterior, la persona que, sin haber capturado la imagen, la distribuya a cualquier medio, virtual o impreso, de divulgación pública, sin el consentimiento previsto. A quien cometa este delito se le impondrá una pena de dos a cinco meses de prisión y hasta cien días de multa. El medio virtual o impreso de divulgación pública que publicare dichas imágenes, deberá removerlas de forma inmediata a petición de la víctima. De no hacerlo se le impondrán trescientos días de multa. 

Un delito que también se perseguirá por querella, a petición del ofendido.

Además la iniciativa señalaba que cometería el delito de hostigamiento sexual quien, sin el consentimiento expreso de la persona afectada grabe, difunda, revele o ceda a terceros imágenes o grabaciones sexuales parciales o totales, que hubiera obtenido con o sin permiso en lugar privado fuera del alcance de terceros, aun cuando el material hubiese sido producido por la persona afectada se le impondrá una pena de seis a 12 meses de prisión y hasta 500 días de multa.

La iniciativa anterior tiene su sustento en la reforma en materia de derechos humanos del 10 de junio de 2011 que incluye un párrafo transcendental como la columna vertebral del sistema protector: “Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley”. Ya que por desgracia es otra clase de violencia que se ejerce, debe prevenirse o en su caso repararle el daño a la víctima a través de estos lineamientos jurídicos, estas prácticas delictivas las realizan hombres y mujeres por igual con la finalidad de vengarse y de ocasionar un daño, olvidando que violentan derechos humanos fundamentales.

Está de más decir que el camino para una justicia plena en materia de derechos humanos es larga, nuestra jurisprudencia es testigo, exigir el respeto a los derechos humanos ha sido la causa de todas nuestras revoluciones. Pero así como hemos conseguido ganar otras batallas en pro de nuestros derechos, debemos asumir ésta para hacer valer esa frase convertida hoy en trending topic #NoEsNo porque si algunos todavía no han comprendido la delgada línea entre lo que es acoso y hostigamiento y entre galantería y coqueteo, no es tarde para que la aprendan y la practiquen. La tarea incesante por la defensa de los derechos de las mujeres a una vida libre de violencia no es sólo del feminismo, es una tarea que tenemos como seres humanos y no se debe constreñir solamente a un ordenamiento legal, deber realizarse en la praxis.

Los lamentables actos ocurridos en la casa hogar de Guatemala y las constantes denuncias públicas de personajes vinculados con la trata de blancas, nos hace preguntarnos si en realidad nos indigna la situación al grado de colaborar para ir visibilizando estas conductas. Debido a este panorama hemos comenzado a convertirnos en observadores, es importante traspasar la barrera de la indignación virtual a la cooperación cotidiana. Las redes sociales son un gran escaparate para visibilizar los actos violentos a pesar de la mediática carga negativa en la que algunas veces cae. Ninguna marcha y ninguna huelga están de más cuando un simple pronunciamiento puede modificar la circunstancia de algunas personas. Es importante decirles a quienes amedrentan por cualquier medio, que ya comenzamos a tener el valor de denunciar, así como el de exigirle al estado que escuche; que no olviden que las amenazas no sólo se las hacen a una persona, se la hacen a todas las que observamos desde aquí cómo poco a poco se les va cayendo el valor que tienen para amedrentar cada vez que pronunciamos un NO para romper el miedo y el silencio.


Sobre la autora:
16443391_10155859454073289_861729983_nYelitza Ruíz: esta jovencita tan asidua al siglo XX estudió Jurisprudencia y la Maestría en estudios de Arte y Literatura. Como buena muchacha que estudió latín, archiva ajeno. Como no pudo contener su emoción creativa, publicó los poemarios Abril en casa (Tarántula dormida 2011) y Cartografía del tren (Praxis-SECUG 2013). Dedicada beneficiaria del programa Jóvenes Creadores del FONCA 2013-2014. Cuando las labores del hogar se lo permiten, dirige el proyecto #MujeresyRevolución y el Encuentro Nacional de Jóvenes Escritores Acapulco Barco de Libros. @Yelitaruiz

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Un comentario en “El NO es una palabra que hace ruido

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