Bad Feminism by Roxane Gay

Mala feminista

por Roxane Gay

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Roxane Gay nació el 15 de octubre de 1974).  Es una feminista, escritora, profesora editora y ensayista estadounidense. Es profesora asociada de Inglés en Purdue University. Ha contribuido con artículos de opinión en el New York Times, fundadora de Tiny Hardcore Press, editora de ensayos para The Tumpus y coeditora de la revista PANK. Es conocida por la publicación de su colección de ensayos Bad Feminist en el 2014. También es autora del libro de cuentos Ayiti (2011), la novela An Untamed Stated (2014) y Difficult Women (2017). La traducción que presentamos en El Periódico de las Señoras corresponde al capítulo uno de los ensayos de Bad Feminist.

Feminismo (s): Plural

El mundo cambia más rápido de lo que podemos comprender en formas que son complicadas. Estos cambios desconcertantes a menudo nos dejan en carne viva. El clima cultural está cambiando, particularmente para las mujeres, mientras lidiamos con la reducción de la libertad reproductiva, la persistencia de la cultura de la violación y las representaciones defectuosas, si no dañinas, de las mujeres que consumimos en la música, el cine y la literatura.

Tenemos un comediante pidiendo a sus fans que toquen poquito a las mujeres en sus estómagos porque ignorar los límites personales, y es, ay, ¡tan chistoso! Tenemos todo tipo de música glorificando la degradación de las mujeres, y maldita sea, la música es pegadiza, así que a menudo me encuentro cantando mientras que mi propio ser es disminuido. Cantantes como Robin Thicke saben que “lo deseamos”. Los raperos como Jay-Z usan la palabra “perra” igual que un signo de puntuación. Películas, más frecuentemente sí que no, cuentan las historias de los hombres como si las historias de los hombres fueran las únicas historias que importaran. Cuando las mujeres están involucradas, son compañeras, intereses románticos, ideas de último momento. Rara vez las mujeres llegan a ser el centro de atención. Rara vez nuestras historias llegan a importar.

¿Cómo le hacemos para atraer la atención hacia estos temas? ¿Cómo le hacemos para  que realmente sean escuchados? ¿Cómo encontramos el lenguaje necesario para hablar de las desigualdades e injusticias que enfrentan las mujeres, tanto grandes como pequeñas? Conforme he crecido, el feminismo me ha dado respuesta a estas preguntas, por lo menos en parte.

El feminismo es deficiente, pero ofrece, en el mejor de los casos, una forma de navegar en medio de este cambiante clima cultural. El feminismo, sin lugar a dudas, me ha ayudado a encontrar mi voz. El feminismo me ha ayudado a creer que mi voz importa, incluso en este mundo en el que hay tantas voces exigiendo ser escuchadas.

¿Cómo reconciliamos las imperfecciones del feminismo con todo el bien que puede hacer? En verdad, el feminismo es imperfecto porque es un movimiento impulsado por personas y las personas somos naturalmente imperfectas. Por cualquier razón, ceñimos al feminismo a un estándar irracional en el que el movimiento debe ser todo lo que queremos y siempre tiene que tomar las mejores decisiones.

Cuando el feminismo no cumple nuestras expectativas, decidimos que el problema es con el feminismo, en lugar de con las personas imperfectas que actúan en nombre del movimiento. El problema con los movimientos es que, frecuentemente, se asocian sólo con las figuras más visibles, las personas con las plataformas más grandes y las voces más fuertes y controversiales. Pero el feminismo no una filosofía cualquiera impulsada por los medios populares de la semana con tintes feministas, al menos no del todo.

El feminismo, recientemente, ha sufrido de una cierta “culpa por asociación” porque confundimos al feminismo con mujeres que lo defienden como parte de su marca personal. Cuando estas cabecillas dicen lo que queremos oír, las ponemos en el Pedestal Feminista, y cuando hacen algo que no nos gusta, las tiramos de inmediato y luego decimos que hay algo mal con el feminismo porque nuestras líderes feministas nos han fallado. Olvidamos la diferencia entre el feminismo y las Feministas Profesionales.

Abrazo abiertamente la etiqueta de mala feminista. Lo hago porque soy imperfecta y humana. No soy muy versada en la historia del feminismo. No estoy tan bien instruida en los textos feministas clave como quisiera. Tengo ciertos… intereses y rasgos de personalidad, y opiniones que pueden no entrar en la línea del feminismo más popular, pero sigo siendo feminista. No podría decir cuán liberador ha sido aceptar eso de mí. Abrazo la etiqueta de mala feminista porque soy humana. Soy un desastre. No estoy tratando de ser un ejemplo. No estoy tratando de ser perfecta. No estoy tratando de decir que tengo todas las respuestas. No estoy tratando de decir que estoy en lo correcto. Estoy tratando, solamente tratando, de apoyar lo que creo, trato de hacer algo bueno en este mundo, trato de hacer un poco de ruido con mi escritura, mientras que soy yo misma: una mujer que ama el color rosa y que le gusta enloquecer y a veces perrea con música que sabe, —realmente sabe—, es terrible para las mujeres y soy, quien a veces, juega a hacerse la tonta con los hombres que arreglan cosas porque es mucho más fácil dejarlos sentirse machos que mantenerse en un terreno moral superior.

Soy una mala feminista porque no quiero ser nunca colocada en el Pedestal Feminista. Se espera que las personas en los pedestales sean perfectas. Y son derribados una vez que la cagan. Yo la cago regularmente. Considérenme derribada de antemano .

Cuando era más joven, rechacé el feminismo con una frecuencia alarmante. Entiendo por qué las mujeres aún se sienten ansiosas de rechazar el feminismo y poner su distancia. Renuncié al feminismo porque cuando me llamaron feminista, la etiqueta se sintió como un insulto, de hecho, generalmente esa era la intención. En ese tiempo, cuando me llamaba feminista, mi primer pensamiento era “pero hago mamadas de buena gana”. Tenía en mi cabeza la idea de que no podía ser feminista y ser sexualmente abierta. Tenía un montón de cosas extrañas en mi cabeza durante mi adolescencia y mis veintes.

Rechacé al feminismo porque no tenía una comprensión racional del movimiento. Me llamaron feminista, y lo que escuché fue: “Eres una mujer histérica, malcogida y odiahombres que se hace la víctima”. Esta caricatura es el modo en que las feministas han sido deformadas por las personas que más temen al feminismo, las mismas personas que tienen más que perder cuando el feminismo tiene éxito. Cada vez que recuerdo cómo una vez renegué del feminismo, me avergüenzo de mi ignorancia. Me avergüenzo de mi temor, porque en su mayor parte, la negación estaba fundada en el miedo a ser condenada al ostracismo, a ser vista como una alborotadora, y a nunca ser aceptada por el resto del mundo.

Me enojo cuando las mujeres rechazan el feminismo y huyen de la etiqueta feminista, pero dicen que apoyan todos los avances nacidos del feminismo, porque veo una desconexión que no necesita estar allí. Me enojo pero entiendo y espero que algún día vivamos en una cultura donde no necesitemos distanciarnos de la etiqueta feminista, donde la etiqueta no nos haga sentir miedo a quedarnos solas, a ser demasiado diferentes, a querer demasiado.

Trato de mantener mi feminismo simple. Sé que el feminismo es complejo y evolutivo e imperfecto. Sé que el feminismo no podrá ni puede arreglarlo todo. Creo en la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Creo en la libertad reproductiva y acceso asequible y sin restricciones a la atención médica de las mujeres. Creo que las mujeres deben recibir el mismo pago que los hombres por la misma cantidad de trabajo. El feminismo es una opción, y si una mujer no quiere ser feminista, ese es su derecho, pero sigue siendo mi responsabilidad luchar por sus derechos. Creo que el feminismo se basa en el apoyo a las decisiones de las mujeres, incluso si no escogeríamos ciertas opciones para nosotras mismas. Creo que las mujeres, no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo, merecen igualdad y libertad, pero sé que no estoy en condiciones de decir a las mujeres de otras culturas lo que debe ser la igualdad y la libertad.

Me resistí al feminismo en mi adolescencia y mis veintes porque me preocupaba que no me permitiera ser el desastre de mujer que yo sé que soy. Pero empecé a aprender más sobre feminismo. Aprendí a separar el feminismo de El Feminismo o, Las Feministas o, la idea de un Feminismo Esencial: un único feminismo para gobernarlas a todas. Fue fácil abrazar el feminismo cuando me di cuenta de que abogaba por la igualdad de género en todos los ámbitos, mientras intentaba ser interseccional, para considerar todos los demás factores que influyen en quiénes somos y cómo nos movemos por el mundo. El feminismo me ha dado paz. El feminismo me ha dado principios guía sobre cómo escribo, cómo leo, cómo vivo. A veces me desvío de estos principios, pero sé que está bien cuando no estoy a la altura de mi mejor versión feminista.

Las mujeres negras, las mujeres queer  y las mujeres trans deben ser  incluidas de mejor manera en el proyecto feminista. Las mujeres de estos grupos han sido vergonzosamente abandonadas por el Feminismo con F mayúscula, una y otra vez. Esta es una verdad dura y dolorosa. Aquí es donde mucha gente se enfrenta al feminismo, tratando de crear distancia entre el movimiento y el lugar en donde están. Créanme, lo entiendo. Durante años, decidí que el feminismo no era para mí como mujer negra, como mujer que ha sido identificada como queer en diferentes puntos de su vida, porque históricamente, el feminismo ha estado mucho más enfocado en mejorar las vidas de las mujeres blancas heterosexuales, en detrimento de todo los demás.

Pero dos errores no hacen un acierto. Los fracasos del feminismo no significan que debamos evitarlo por completo. La gente hace cosas terribles todo el tiempo, pero no renunciamos regularmente a nuestra humanidad. Rechazamos las cosas terribles. Debemos rechazar los fracasos del feminismo sin rechazar sus muchos éxitos y el punto a dónde hemos llegado.

No todas tenemos que creer en el mismo feminismo. El feminismo puede ser plural siempre y cuando respetemos los diferentes feminismos que llevamos con nosotras, siempre y cuando nos demos lo suficiente como para tratar de minimizar las fracturas entre nosotras. El feminismo podrá triunfar más con el esfuerzo colectivo, pero el éxito feminista también puede ser resultado de la conducta personal. Escucho a muchas mujeres jóvenes decir que no pueden encontrar feministas famosas con las que identificarse. Eso puede ser desalentador, pero yo digo, vamos a tratar de convertirnos en las feministas que nos gustaría ver moviendo el mundo.

Cuando no puedes encontrar a alguien a quien seguir, tienes que encontrar una manera de liderar con el ejemplo. En esta colección de ensayos, estoy tratando de hacerlo, de una manera pequeña e imperfecta. Estoy elevando mi voz como una mala feminista. Estoy tomando una posición como una mala feminista. Ofrezco ideas sobre nuestra cultura y cómo la consumimos. Los ensayos de esta colección también examinan la raza en el cine contemporáneo, los límites de la “diversidad”, y cómo la innovación rara vez es satisfactoria, rara vez es suficiente. Pido que se creen nuevas medidas más inclusivas para la excelencia literaria, y que se mire más  de cerca a las chicas de Girls HBO y al fenómeno de la trilogía Cincuenta sombras de Grey. Estos ensayos son políticos y personales. Son, como el feminismo, imperfectos, pero provienen de un lugar genuino. Sólo soy una mujer tratando de darle sentido a este mundo en el que vivimos. Estoy elevando mi voz para mostrar todas las maneras en que tenemos espacio para querer más, para hacerlo mejor .


Sobre la traducción

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Anaclara Muro (Zamora, 1989). Después de decidir dedicarse a la eminente carrera de Letras Hispánicas, cultivó su formación en la creación literaria. Heredera de la tradición de la bucólica poesía, se desarrolló en el guionismo y otras artes. Participa con entusiasmo en el Slam Poético Queretano, Horizontal. Taller de escrituras y Lucha de Escritores Anónimos. En algunos momentos, en medio del ajetreo de la vida cotidiana, se detiene a traducir bellas poesías.

16244542_1842495245969056_1539131777_nMonserrat Acuña (Querétaro, 1994). Entusiasta jovencita que, con la dedicación propia de su género, estudia el último semestre de la Licenciatura en Estudios literarios en la Facultad de Lenguas y Letras de la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha demostrado su fino uso de la pluma en prestigiosas publicaciones como La Rabia del Axolotl, Revista Baquiana, Literalia, Monolito y Espora. Su discreta naturaleza le ha hecho interesarse en el estudio de la lengua y el ejercicio de la traducción.

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