Alejandra Hoyos: Criar una niña es como regar el jardín del vecino

Pétalos cayendo

por Alejandra Hoyos

Shazia enlaza y desenlaza sus pequeñas manos de manera repetida. Quisiera poder tejerse otro destino, al menos poder ser la sombra de su hermano y así jugar a la pelota. Espera quieta. Lleva cubierto su cabello por una túnica y sus ojos miran hacia el piso. Está sumida en un grito sin voz, grito que duele.

―Criar una niña es como regar el jardín del vecino, un desperdicio ―dice su padre, Mohammad. Por eso ya no quiere esperar a conseguir la dote, por eso ya no quiere perder más tiempo criándola.

Ella ha visto a Tariq solamente una vez y eso fue a través de la ventana. Las barbas le cuelgan como si fueran enredaderas o como si fueran la noche que va cayendo, y sus ojos son como dos cuchillos que parecen cortarla.  El miedo es agua que envuelve sus manos, es frío y hasta un calambre en el pie. ¿Cómo será Tariq?

Shazia no quiere dejar a su madre, no quiere irse con ese señor de barbas colgantes, no quiere dejar a su kalai, su muñeca preferida. Continúa enredando sus manos, mientras espera sentada en silencio a que su padre la busque.

―Levántate, Shazia. Nos vamos. Tira tu kalai, ya no vas a necesitarla.

―Pero aún no me despido de madre.

―Déjate de bakavaas, niña. Tienes que aprender a obedecer.

―Papá, no quiero…

―¿Que no quieres qué? Maldita escuincla, ¿qué no sabes con quién estás hablando? Es mi culpa por no educarte como se debe.

―No, padre, no me pegue.

―¡Tú no me dices qué hacer! ―dice Mohammad mientras le suelta un golpe en la cara que por poco la tumba.

Shazia se ha tragado sus lágrimas y la sangre del labio abierto. Sólo es una flor deshojándose.

―Levántate y límpiate ese labio. No quiero perder más tiempo—. Toma el teléfono y le dice a Tariq: ―Ya te llevo tu regalo. Entonces, ¿cerramos el trato?

Ella espera a Tariq con sus manos entrelazadas, todavía le duelen los labios. No puede creer que haya dejado a todas sus muñecas, que quizá no vuelva a ver a su madre. Aguarda. Una señora la jala bruscamente y la introduce a una pequeña recámara. Shazia espera un buen rato hasta que termina por dormirse.

―Despierta, mahila. Quiero un hijo. A ver si eres mujer de verdad.

Tariq es un cuchillo que se introduce una y otra vez; no repara en las lágrimas, pétalos que van cayendo; en el dolor de Shazia, en su silencio.

—No me veas de frente, mahila. Agacha la mirada cuando estés conmigo, ¿entendiste? Ahora vete; no puedes dormir aquí, estás sucia.

Shazia tiene dolor en el vientre, todo le da vueltas. Ha soñado con un niño con ojos de cuchillo, iguales a los de Tariq; pero la partera dice que es niña.

―¡No puede ser! Yo soñé que era niño, tiene que estar equivocada. Es niño lo siento, tiene que ser un error.

―Señora, todo indica que va a tener una niña. No es mi culpa que usted no haya podido…

Shazia va tejiendo y destejiendo sus manos, como si de ese modo pudiera quitarse la culpa. Empieza a odiar a esa niña que le crece dentro, a odiarse por no ser una mujer de verdad. Las lágrimas son pétalos que se deshojan. Va caminando de manera pausada como queriendo retrasar el encuentro con Tariq. Sabe lo que tiene que hacer, la niña ha maldecido su vientre, lo ha contaminado quizá de manera irreversible.

Ojalá hubiera sido niño, ojalá pudiera jugar a la pelota y no fuera una maldición, ojalá no fuera una flor marchita.


Sobre la autora
DSC_0151Alejandra Hoyos González Luna nació en Quéretaro en 1987. Esta bella jovencita se licenció en Psicología y ha participado desde hace diez años en talleres de narrativa ofrecidos por el prestigiosísimo Instituto Queretano de la Cultura y las Artes. En 2010, su bella pluma se engalanó con la publicación de los cuentos: El niño que habitaba en el armario y Lluvia de plumas en Viento Inconstante del Seminario de Creación Literaria. En el 2013, vertió sus letras en un compendio de cuentos y poemas en la Biblioteca Digital de escritores queretanos PAR TRES. La discreción de su pluma le valió ser becaria del importantísimo programa PECDA durante el 2013, con el proyecto de novela Tanto amor apagará la luna. En el 2016, con el cuento que aquí presentamos, ganó el primer lugar en el Concurso Literario La Caverna organizado por el Comité Editorial 500 noches.

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