Doctor, obviamente usted nunca ha sido una chica de trece años

“Doctor, obviamente usted nunca ha sido una chica de trece años”

por Nora de la Cruz

13 reasons why es, parece, la serie de moda. A mí me la recomendó una compañera de clase a raíz de una conversación que se suscitó en el salón. Estábamos comentando la segunda entrega de la novela de una compañera. En ese episodio, Lena, una de las protagonistas, comienza a sentir que algo anda mal en su matrimonio. El mapa de la novela dice muy claramente que uno de los amigos de su marido la droga y la viola mientras ella está inconsciente. Los comentarios sobre el texto fueron, en general, favorables: la sutileza y vividez con la que se representa la crisis matrimonial mostraba la inteligencia de la autora y su sensibilidad. Pero el profesor hizo una observación acerca del mapa: hay que pensar cómo se va a escribir lo de la violación, porque parece complicado que violen a una mujer y que ella no lo sepa. Yo le pregunté al profesor por qué le parecía difícil, o en relación con qué estaba esa dificultad para representar ese evento, y lo que insinuó fue que podía plantear un problema de verosimilitud. El problema era, más bien, de mirada. En la parte posterior del salón, un par de compañeras y yo murmuramos lo frecuente que era ese tipo de agresión. Una de ellas fue quien me habló de la serie, diciendo que se trataba de una chica que se suicidaba, y que había una violación semejante a la que nuestra compañera deseaba escribir. La clase continuó.

Este texto, por supuesto, no es sobre la serie. Pero es acerca del mundo en el que esa serie es posible. No sé si va a ser la historia que una generación de adolescentes recuerde, como en los noventa fue Beverly Hills 90210, y cerca del fin de milenio, Dawson’s Creek. Sin embargo, mientras la veía, no podía evitar comparar. Mientras que en Beverly Hills 90210 predominaba la visión del mundo color de rosa de la clase alta y media, en el que de vez en cuando había tormentas, pero predominaban el candor y la irresponsabilidad, en Dawson’s Creek las preocupaciones económicas y los dilemas morales de baja intensidad son más evidentes. Entre los californianos había, claro, un personaje marginado: Andrea, la nerd del grupo, que no sólo no cumplía con los estándares de apariencia, sino que pertenecía a la clase trabajadora. En Capeside, en cambio, la distinta era Jen, una rubia venida de Nueva York, cuyo atractivo y experiencia sexual le ganaban la atención de los varones y la antipatía de las chicas. Ambas series representaban en ciertos episodios algunas de las situaciones de riesgo más frecuentes en la adolescencia: el consumo de sustancias, la presión social y el deseo de pertenecer, el despertar y la identidad sexual y, en menor medida, el abuso. Pero la adolescencia todavía parecía un territorio de inocencia donde nuestros mejores amigos siempre están ahí, con nosotros, para disfrutar de la vida. En 13 reasons why, la violencia lo ha consumido todo: la escuela es un ambiente inseguro en el que las estructuras de poder convierten a los más vulnerables en presas fáciles. Los padres ya no están al tanto, no pueden: tienen trabajos que los consumen, deudas, hipotecas que pagar. La violencia se convierte en un secreto en medio de esa soledad terrible.

Justo en la semana en la que el profesor señaló lo inverosímil de una violación que, sabemos, es más que frecuente, uno de mis mejores amigos me compartió la historia de una conocida de ambos. Ella publicó en sus redes sociales que un amigo la había violado cuando ella se quedó en su casa. Decidió quedarse porque era lo más seguro. Pero su amigo la violó mientras dormía y, a pesar de eso, ella no se atrevía siquiera a decir el nombre, a denunciar por completo. Para evitar problemas, dijo que lo compartiría con quien quisiera saberlo y sólo por mensaje directo y con personas cercanas, que lo conocieran, “por seguridad”. Mi amigo estaba verdaderamente desconcertado. No podía creerlo. Le parecía, sí, inverosímil. Pero ese también era un problema de mirada, como lo revelaron los testimonios de #MiPrimerAcoso, en marzo del año pasado. Y la experiencia de los hombres era la misma: se enteraban de algo que nosotras dábamos por hecho y que a ellos todavía les costaba trabajo creer que sucediera.

El otro día, una compañera de escuela dijo, en una plática, que para las mujeres el mundo se vuelve un lugar muy distinto, escabroso, entre los 12 y los 21 años. La soledad representada en 13 reasons why no es solamente la de la adolescencia, sino la de las víctimas de la violencia normalizada que se vuelve cada vez más radical y más difícil de callar. El poder absoluto lo ejerce un macho blanco adinerado, y a él se subordinan todos los demás, mientras las autoridades prefieren ver hacia otro lado. La violencia contra la mujer ha existido siempre, nosotras hemos tolerado comentarios misóginos—como los de Perelló, por ejemplo— en técnicamente todos los contextos de nuestra vida. Todas padecemos la desigualdad salarial. La gran mayoría ha padecido violencia doméstica, como hija, como hermana o como esposa. Un altísimo porcentaje ha sufrido violencia sexual de distinto grado. Miles han muerto, claro, y cada vez más. Pero ahora hay menos miedo a hablar de ello, a hacer una denuncia, a veces sólo simbólica, como relatarlo, o legal (aunque eso parezca generar más problemas de los que resuelve). La intención de la serie es mostrar un caso en el que la vulnerabilidad de la víctima le impide encontrar alternativas. El suicidio se ve siempre como algo monstruoso, extremo, tal vez porque, al ir a contracorriente de la lucha por la supervivencia, constituye un acto de rebeldía radical. Por eso no es extraño que en esa otra novela sobre el misterio femenino, Las vírgenes suicidas, cuando el doctor se asombra ante el intento de una de las protagonistas, diciendo que es muy joven para saber lo malo que es el mundo, ella responde con simpleza: obviamente, doctor, usted nunca ha sido una chica de trece años. Algo así pensé en mi clase de novela, obviamente, doctor, usted nunca ha sido víctima de acoso, de violación. Tal vez algo así pensamos todas.


15590241_10209827683263014_5808724830757090919_nSobre la autora:

Nora de la Cruz (Edomex, 1983). Esta distinguida señorita ha realizado estudios en las bellas artes literarias y escritura creativa en la UNAM, la UAM y la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha compartido sus preciosas palabras en publicaciones electrónicas como La Fábrica de Mitos Urbanos, Distintas Latitudes, Hoja Blanca y eSpiral y en la revista Casa del Tiempo. Su avispada opinión llama siempre la atención de la sociedad literaria.

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