Shrinking Women by Lily Myers

Lily Myers (www.lilymyerswrites.com) se graduó de Wesleyan University, donde compitió en el equipo de slam poético y ganó Best Love Poem en la edición del 2013 College Unions Poetry Slam Invitational con su poema “Shrinking Women.” Es autora de la novela The imposible light. Lily también ha escrito para el sitio juvenil de NEDA’s, Proud2BMe, y la revista Making Connections. Ella vive en Seattle, Washington. Puedes seguirla en Twitter: @lmyerspoetry.

Shrinking Women

by Lily Myers

Across from me at the kitchen table, my mother smiles over red wine that she drinks out of a measuring glass.
She says she doesn’t deprive herself,
but I’ve learned to find nuance in every movement of her fork.
In every crinkle in her brow as she offers me the uneaten pieces on her plate.
I’ve realized she only eats dinner when I suggest it.
I wonder what she does when I’m not there to do so.

Maybe this is why my house feels bigger each time I return; it’s proportional.
As she shrinks the space around her seems increasingly vast.
She wanes while my father waxes. His stomach has grown round with wine, late nights, oysters, poetry. A new girlfriend who was overweight as a teenager, but my dad reports that now she’s “crazy about fruit.

It was the same with his parents;
as my grandmother became frail and angular her husband swelled to red round cheeks, round stomach,
and I wonder if my lineage is one of women shrinking,
making space for the entrance of men into their lives,
not knowing how to fill it back up once they leave.

I have been taught accommodation.
My brother never thinks before he speaks.
I have been taught to filter.
“How can anyone have a relationship to food?” he asks, laughing, as I eat the black bean soup I chose for its lack of carbs.
I want to say: we come from difference, Jonas,
you have been taught to grow out,
I have been taught to grow in.
You learned from our father how to emit, how to produce, to roll each thought off your tongue with confidence, you used to lose your voice every other week from shouting so much.
I learned to absorb.
I took lessons from our mother in creating space around myself.
I learned to read the knots in her forehead while the guys went out for oysters,

and I never meant to replicate her, but
spend enough time sitting across from someone and you pick up their habits-

that’s why women in my family have been shrinking for decades.
We all learned it from each other, the way each generation taught the next how to knit,
weaving silence in between the threads
which I can still feel as I walk through this ever-growing house,
skin itching,
picking up all the habits my mother has unwittingly dropped like bits of crumpled paper from her pocket on her countless trips from bedroom to kitchen to bedroom again.
Nights I hear her creep down to eat plain yogurt in the dark, a fugitive stealing calories to which she does not feel entitled.
Deciding how many bites is too many.
How much space she deserves to occupy.

Watching the struggle I either mimic or hate her,
And I don’t want to do either anymore,
but the burden of this house has followed me across the country.
I asked five questions in genetics class today and all of them started with the word “sorry.”
I don’t know the requirements for the sociology major because I spent the entire meeting deciding whether or not I could have another piece of pizza,
a circular obsession I never wanted, but
inheritance is accidental,
still staring at me with wine-soaked lips from across the kitchen table.

Mujeres que se encogen

por Lily Myers

Frente a mí, en la mesa de la cocina, mi madre sonríe por el vino tinto que bebe de un vaso de medir
Ella dice que no se priva a sí misma,
Pero he aprendido a encontrar matices en cada movimiento de su tenedor.
En cada arruga de su frente mientras me ofrece los pedazos de su plato que no se ha comido.
Me he dado cuenta de que sólo se hace de cenar cuando se lo sugiero.
Me pregunto qué hace cuando no estoy ahí para decírselo.

Tal vez es por eso que mi casa se siente más grande cada vez que regreso; es proporcional.
Entre más se encoge, el espacio a su alrededor parece cada vez más vasto.
Ella mengua mientras mi padre se agranda. Su estómago ha crecido redondo con vino, desvelos, ostras, poesía. Una nueva novia que tuvo sobrepeso cuando era adolescente, pero de la que mi padre informa ahora: “está loca por la fruta”.

Fue lo mismo con sus padres;
Cuando mi abuela se puso frágil y angulosa, su marido se infló hasta mejillas rojas redondas, estómago redondo,
Me pregunto si mi linaje es de mujeres que se encogen,
haciendo espacio para la entrada de los hombres en sus vidas,
sin saber cómo llenarlo de vuelta una vez que ellos se marchan.

Me han enseñado de cautela
Mi hermano nunca piensa antes de hablar.
A mí me enseñaron a filtrar.
“¿Cómo puede alguien tener una relación con la comida?” -pregunta, riendo, mientras me como la sopa de frijoles negros que elegí por su ausencia de carbohidratos.
Quiero decir: venimos de lugares diferentes, Jonas,
Se te ha enseñado a expandirte,
A mí me enseñaron a comprimirme.
Aprendiste de nuestro padre cómo emitir, cómo producir, a escupir con confianza cada pensamiento, solías perder la voz cada semana por gritar tanto.
Yo aprendí a absorber.
Tomé lecciones de nuestra madre para crear espacio alrededor de mí.
Aprendí a leer los nudos en su frente mientras los chicos salían a buscar ostras,

Y nunca fue mi intención imitarla pero
pasar suficiente tiempo sentado frente a alguien te hace adoptar sus hábitos,

por eso las mujeres en mi familia se han estado encogiendo por décadas
Todas hemos aprendido unas de otras la forma en que cada generación enseñó a la siguiente a tejer
trenzando entre los hilos el silencio
que aún puedo sentir mientras camino por esta casa cada vez más grande
picazón en la piel
recogiendo todos los hábitos que mi madre ha dejado caer involuntariamente como pedazos arrugados de papel en su bolsillo, de sus innumerables viajes del dormitorio a la cocina, al dormitorio de nuevo.
En las noches la escucho escurrirse para comer yogur natural en la oscuridad, una fugitiva que roba las calorías que cree no tener derecho
Decide cuántos bocados es demasiado.
Cuánto espacio merece ocupar.

Mientras observo el conflicto, la imito o la odio,
Y ya no quiero hacer ninguna de las dos,
Pero la carga de esta casa me ha perseguido a lo largo del país.
Hoy hice cinco preguntas en clase de genética y todas comenzaban con la palabra “perdón”
No conozco los requisitos para la especialidad en sociología porque pasé toda la reunión decidiendo si podía o no comer otro pedazo de pizza,
Una obsesión circular que nunca quise, pero
la herencia que es accidental,
continúa mirándome con los labios empapados de vino desde la mesa de la cocina.


Sobre la traducción:

16244542_1842495245969056_1539131777_nMonserrat Acuña (Querétaro, 1994). Entusiasta jovencita que, con la dedicación propia de su género, estudia el último semestre de la Licenciatura en Estudios literarios en la Facultad de Lenguas y Letras de la Universidad Autónoma de Querétaro. Su discreta naturaleza le ha hecho interesarse en el estudio de la lengua y el ejercicio de la traducción.

 

16245004_10155046028882922_1412670157_oAnaclara Muro (Zamora, 1989). Después de decidir dedicarse a la eminente carrera de Letras Hispánicas, cultivó su formación en la creación literaria. Heredera de la tradición de la bucólica poesía, se desarrolló en el guionismo y otras artes. Participa con entusiasmo en el Slam Poético Queretano, Horizontal. Taller de escrituras y Lucha de Escritores Anónimos. En algunos momentos, en medio del ajetreo de la vida cotidiana, se detiene a traducir bellas poesías.
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