Dosis de misoprostol 4: ¡¡¡Págame estúpido!!!

por Carmen Romero Rubio

Estamos acostumbrados a separar los problemas en categorías: problemas de los indígenas, problemas de las mujeres, problemas del colectivo LGBT, problemas de la clase media. Como si una mujer indígena no sufriera también de la precariedad laboral. Como si tener problemas laborales fuera derecho exclusivo de los hombres de clase media. La precariedad laboral es el menor de nuestros problemas porque, por supuesto, estamos muy ocupadas intentando hacer que no nos maten o nos violen. Cómo podríamos atrevernos a usurpar también esos problemas.

La realidad es que el modelo económico es también culpable de la situación en que vivimos. Funciona en contra de nosotras, desvalorizando el trabajo que hacemos: dobles jornadas (la laboral y el aseo doméstico), el cuidado no remunerado, la labor emocional, la labor pedagógica y de crianza. Por eso hoy me gustaría cobrarte todo.

Desde los 60 pesos de la prueba de embarazo, más 10 de unos chicles porque ¡no vayan a pensar que vine sólo por eso! Qué pena, oye. (Que no me felicite el de la caja). 60 pesos la prueba de embarazo más 10, son 70. La casa sola, el llanto, la desesperación, eso otro que no tiene precio, las dos rayitas.

Concentrarse únicamente en los problemas “sociales” de un grupo haciendo a un lado su repercusión económica impide abordar las maneras sistémicas en que una élite logra prosperar por encima de otros. El lado contrario es igual de peligroso: pensar exclusivamente en los problemas “económicos”, sin ver el lado humano, garantiza que los grupos oprimidos continúen siéndolo (Así es la vida, por qué no trabajan, bola de huevones). Por ejemplo, esos 70 pesos que me debes los pagué con miedo.

Los 50 pesos de saldo para el celular. Bueno, hablo para agendar una cita para un servicio. Qué servicio. Pues su servicio. Señorita aquí hay muchos servicios: papanicolau, consulta, ILE, colposcopía.  Dígame cuál servicio.

El acceso a la planificación familiar y el derecho al aborto están atravesados tanto por lo humano como por lo económico. La lucha por el acceso abierto, asequible, fácil y legal del aborto, también es un modo de reducir la brecha salarial. Es imposible tener una política económica verdaderamente integral que no incluya el acceso y la cobertura de los servicios del aborto. Básicamente porque en este sistema la posibilidad de la maternidad pone en desventaja a la mujer.  

300 o 400 o 500 pesos del camión a CDMX. 10 pesos de un litro de agua y 45 pesos de unas toallas femeninas. Aproximadamente 25 pesos en boletitos de metro para llegar a la clínica al mediodía.

No estoy inventando el agua caliente. Ya lo dijeron las feministas de todas las épocas: una mujer encadenada no podrá enseñarle sino de cadenas a sus hijos. Ninguna mujer puede llamarse libre si no posee el control sobre su cuerpo. Ninguna mujer puede llamarse libre hasta que es capaz de elegir conscientemente si va a ser o no madre. Sin embargo, aquí en México aún hay quien se cree con el derecho de fiscalizar y penalizar nuestras decisiones y nuestra “fama”.  (Ya me urge que digan que soy una mala mujer).

2500 pesos. El ultrasonido, la cantidad de semanas. ¿Pero segura que no quieres saber de anticonceptivos para que no te vuelvas a embarazar? La mirada juzgona de la ginecóloga, la pastilla sublingual, el frío, el miedo entre las piernas. El dolor.

Según las estadísticas del Universal el 34.8 de las mujeres que abortan son amas de casa, el 25.1% son estudiantes, es decir, personas que, aparentemente, no generan sus propios ingresos, porque aunque ya hemos hablado de la cantidad del PIB que representan las labores del hogar, no es un salario y, por tanto, dependen de alguien más. En el mismo esquema se muestra que más del 60% corresponde a chicas entre 13-17 años.

Usualmente las mujeres solteras de todos los niveles tienen casi la misma actividad sexual; sin embargo, las mujeres pobres que no intentan concebir son tres veces más propensas a quedar embarazadas que sus contrapartes de ingresos más altos. Esto alimenta un círculo de pobreza e inestabilidad familiar. Si los embarazos no deseados ocurren con más frecuencia en ese grupo de mujeres —que además son marginadas por otra razón: raza, posición económica, lengua, discapacidad, etc.— debería haber un sistema económico que cubriera el aborto y la prevención familiar y que permitiera que esas mujeres siguieran (o no) su educación o su trabajo. Siguieran con sus vidas. El aborto no tendría que ser un privilegio. Yo misma me sé en una posición cómoda: fui a una clínica privada, tuve dinero (o personas que me apoyaron) para realizarlo y pagar las medicinas.

500 pesos en antibióticos para prevenir una infección. Más una cantidad considerable que no puedo recordar en cajas de ibuprofeno como paleativo contra el dolor. Dolor físico y emocional.

Leo en un artículo estadounidense que los estados que son “hostiles” al aborto (es decir, poseen 4 o más restricciones) tienen una peor brecha salarial que los estados que no. En los estados que son más abiertos al aborto las mujeres, en promedio, ganan 20 centavos menos por cada $ 1 que un hombre hace. Pero, en estados hostiles las mujeres ganan 23 centavos menos por cada $ 1 que un hombre hace.

600 o 1000 pesos por cada visita al médico, cada consulta para asegurarme que todo hubiera salido bien. Ir sola, pagar sola, afrontar sola la angustia en esas revisiones.

De ahí se sigue que la seguridad económica y la justicia reproductiva están relacionadas. Las mujeres no pueden tener una sin la otra. Las restricciones al aborto, la discriminación salarial, la atención médica, la falta de permisos por enfermedad, la escasez de guarderías, los horarios laborales, dificultan que las mujeres tengan (o no) los hijos que quieran, que puedan cuidarlos como quieran, y que lo hagan en ambientes seguros y saludables. La justicia económica está vinculada a las demás formas de justicia. En este caso a la justicia reproductiva.

600 pesos a la semana la sesión de psicoanálisis para dejar de meterme con tipos tan idiotas. Arreglar mis problemas de dependencia y la mala relación con mi padre. Cifra equivalente a 2400 pesos al mes. Si le sumamos el precio de transporte, probablemente esa cifra ascendería a 2600, pero no vamos a entrar en ese tipo de detalles. ¿O sí deberíamos?

Las políticas que despenalizan el aborto son políticas que buscan la igualdad de oportunidades para las mujeres. El acceso al control de la natalidad y al aborto puede ser la oportunidad para que una chica de 16 años continúe con la preparatoria, en vez de que comience a cambiar pañales. Cuando las mujeres tienen acceso a servicios de salud reproductiva, son también más asertivas sobre sus cuerpos y sus determinaciones. No me importa si están a favor o no del aborto sólo dejen de engañarse: no pueden juzgar como si viviéramos en una sociedad feliz y justa en la que todos toman sus decisiones libremente y con responsabilidad.

Quizá por eso me parece tan significativo el hecho de que la semana pasada estuviera Woman on Waves aquí. No sé mucho sobre cómo funciona Woman on Waves en la práctica, pero entiendo que es posible contactarlas y ellas proporcionan ayuda para realizar el ILE en el barco con los estándares médicos proporcionados por la OMS. Pienso que es importante porque evidencia la necesidad de abortos seguros en México, así como el impacto que la sororidad puede lograr. Del mismo modo, evidenció que “el derecho a un aborto seguro va más allá de ideologías y políticas, es una necesidad médica urgente que debe garantizarse en todas las entidades federativas del país”.

Por eso, al menos quiero que me pagues todo lo que me debes: la soledad de la central de camiones, la angustia con la que reuní el dinero, las cosas que vendí para poder tener la medicina. Pero no sólo a mí. Quiero que nos paguen a todas los esfuerzos no remunerados: las tareas que les hemos hecho, las veces que sus madres nos han pedido que les digamos que sean buenos. Las miles de veces que hemos escuchado sus problemas. Quiero que me pagues porque estoy harta de tener que guardar las apariencias y fingir que todo está bien, y recibir tus ocasionales muestras de preocupación: aceptar tus cartitas y tus llamaditas por teléfono en la madrugada. Tener que tragármelo todo mientras tú retomas tu vida y tomas tus fotos y nadie te hace un escándalo. Sé que el mundo es injusto pero esta vez yo ya no estoy dispuesta a callarlo.


Sobre la autora:
carmen-romero-17-annosMaría Fabiana Sebastiana Carmen Romero Rubio y Castelló (Tula, 1864). Conocida por todo el mundo como Carmelita. Célebre y experimentada primera dama, vio sus primeras ilusiones cumplidas al aprender inglés con un hombre muy guapo que acabó siendo su marido. Ha colocado la primera piedra de muchos edificios importantes, preside juntas de socorro y toma el té con algunas monjas francesas. Ardua lectora, miembra fundadora y brillante colaboradora de El Periódico de las Señoras.
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