Rosario Loperena: Prepara tu cuerpo para el salto

Auvers-sur-Oise

Apropiación de poema de Blanca Varela

Alguien abrirá la puerta. No golpees más.
Detente.
Al otro lado no se oye nadie. No. Suenan motores.
Te equivocas.
Es música de máquina, llanto de electrodos, jadeo de metal sobre los mármoles.
No. No es nada.
No. Estás llorando muy despacio.
No. Es un alfilerazo que traspasa la pupila, las cúpulas más altas,
una lengua que lame la mente en vuelo pálido y vacío.
No. No es nada.
Todas las riquezas, las sopranos, la miseria de los hombres, los aullidos
arden en una melodía que perfora la cabeza.
Tú no estás solo de este lado.
Te quieren hacer entrar.
Prepara tu cuerpo para el salto.
Es inútil.
Sé la palomilla hambrienta, aleteando persistente.
Con tus alas de mortal dale vuelta al párpado, al oído,
mide con tu vientre tibio la distancia para huir.
Tú palomilla, palolengua, palociega, dueña de nada y de la nada.
Te van a hacer entrar.
Vienen.
Tal vez cuando sea otoño
cuando pase la estación de rabia, de bilis y lamentos.
Apártate. Despójate del polvo. Escala los adarves, y míralo de frente, mírate.
Llegado el tiempo mudarás de alas y de rabo
y serás el toro o el caballo que derriban
y podrás devorar todas las moscas, devorar lo que te punza.
Colúmpiate en el árbol.
Sumérgete en el agua. Aprende a odiarte más que a nadie.
Eres tú. Hueso pelado, cuadrúpedo, el erguido, cenizas bajo tierra.
Arrástrate hacia lo lejano. No escuches el habla de las piedras.
Nómbralas: esplendor, tuétano, rábanos.
Resuenan.
Las palabras, las piedras, sus bocas indican otras rutas.
Escucha tu música. Sólo tu música.
Eres tú el tren que silbando emerge de la tierra hacia lo blanco,
hacia el astro de chatarra que te lleva frente a otros
rostros desdoblados en el diablo gestos sin rostro y tú tras ellos,
solo, desnudo, dueño de una lengua de escarlata que tropieza.
Pega el oído a la nube que insiste en moverse y desaparecer.
Acaríciala como si fuera carne,
piel de bestia, pelaje de los seres que conmueven,
capaces de ensoñarte,
capaces de adormecer el miedo.
Acepta la blanda espera de lo que no vendrá.
Acepta cómo llaman a la puerta,
la aspereza de sus golpes,
la manera en la que ríen y se relamen
cuando sueñas.
Sobre el lomo de fantasmas
ni ascender ni evaporarse
No. You don’t have a gun
ni la ridícula música del alma.
Porque nunca fuiste un ángel
Sino un animal terrible que cae
Sobre sus huesos
Sobre esta tierra que envejece al giro
y simula nacer cada mañana.
Porque sólo tú sabes que tu música incendiaria
de máquina llorona que escupe tentativas,
coordenadas a los vientos,
vientos que arrastran a lo blanco
a los huecos en el cuerpo,
a la insomne alegría de los ojos,
a los tímpanos cerrados,
entre las mandíbulas rumiantes,
en el muñón imaginario.
Porque tú palomilla, simio, criatura de pantano, tú, solitario,
lo que no sabes es caer ni confiar en el desplome
ni aceptar que eres tú mismo tu vientre vulnerable tu lengua destajada, la saliva
y esa música sorda que escurre de tu oreja mutilada.

image1Sobre la autora:

 

La distinguida Rosario Loperena nació en la noble Ciudad de México. Sus días acaecen mientras escribe, hace fotografías y recorre la ciudad. Fue becaria del prestigioso FONCA durante el periodo 2014-1015. Vertió sus más íntimas poesías en los libros Nuevo Alfabeto Audiovisual, Cajas (FETA, 2015) e Historia de los huesos de un caballo (2016). Con la dedicación que le distingue, mantiene el blog:  http://www.chikipunk.tumblr.com.
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