Mildred Pérez de la Torre: ser residente de Casa Octavia

Casa Octavia: una residencia para escritoras en El Paso, Texas

por Mildred Pérez de la Torre

Me enteré de Casa Octavia gracias a un tuit. Leí que era una residencia de escritoras —sí, solo para mujeres— en El Paso, Texas, donde prácticamente te ibas a vivir a casa de la fundadora, la multipremiada autora sonorense Sylvia Aguilar Zéleny, y te ponías a escribir. Como vi que era en Estados Unidos descarté la idea, no tenía ganas de ir a dicho país mientras el Hombre Naranja fuera presidente. Pero a veces las cosas pasan porque tienen pasar.

 

CIUDAD JUÁREZ

Todo seco. Viento que espanta al calor. Pienso en las muertas de Juárez. Antes de ir leí Todo eso es yo, de Sylvia, ganadora del Premio Nacional de Novela Tamaulipas 2015; un libro narrado por una niña que vive en la frontera y presencia en el día a día los peligros que esto conlleva: asesinatos, balaceras, vecinos que de pronto desaparecen, gatos abandonados, pistolas y abuelitas con demencia senil. Mi primer recuerdo: un cielo azul repleto de chemtrails. El segundo: tumbleweed rodando por el estacionamiento. El tercero: la larga fila de coches para cruzar la frontera y los vendedores ambulantes caminando entre los autos, frente a un letrero verde que dice Welcome to the United States / Bienvenidos a los Estados Unidos.

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EL PASO

Yo pensé que como era el primer día haríamos algo relajado, como platicar y quizá beber un poquito de mezcal. Pero no. Sylvia llegó después de dar clases de English Composition en El Paso Community College, hizo una lista en una index card y me dijo: «Esto es para leer», entregándome unos seis libros que abarcaban desde teoría literaria hasta novelas y cuentos de autores como Daniel Orozco, A. M. Homes, Maile Meloy y Dorothy Allison, todos ellos desconocidos para mí. En algunos debía prestar atención al narrador; en otros, el tiempo y el espacio; en otros, los personajes; en otros, la forma y los detalles. También me dejó unos ejercicios a mano, que por cierto me ayudaron a —¡por fin!— encontrar el narrador adecuado para el nuevo proyecto que estoy escribiendo. Todo esto me pareció de maravilla. Después de todo yo no iba de vacaciones, iba a escribir. Y esa noche escribí a mano unas cuatro, cinco cuartillas con letra chiquita y tinta negra. Definitivamente no es lo mismo teclear que escribir a mano.

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Antes de dormir leí varios capítulos del libro Method and Madness: The Making of a Story, de Alice LaPlante. En mi opinión, esa es una de las joyas más valiosas en la amplia biblioteca disponible en Casa Octavia.

 

Y PASARON LOS DÍAS…

Lo maravilloso de Casa Octavia es que además de que Sylvia te da lecturas que ella considera que pueden servirte como referencia para tu proyecto, te asesora en tu proceso creativo. Imaginen que, después de desayunar, se sientan a beber café con alguien que ha escrito 12 libros (6 en inglés y 6 en español) y se ponen a hablar sobre personajes inexistentes. Disfruté mucho que Sylvia y yo habláramos de lo que sentía o quería alguien que nació en mi mente; alguien que ni siquiera respira ni lo hará jamás.

Cuando una crea a sus personajes va conociéndolos poco a poco. Empieza a pensar en ellos, a vivir con ellos, y era increíble ver que yo no era la única: Sylvia también los conocía, sabía de qué pie cojeaban y me daba ideas para complicarles más la existencia o bien para volverlos más atractivos o detestables. Conforme pasan los días la convivencia se intensifica, las charlas se vuelven mucho más personales y te vas involucrando en la dinámica de la casa, hasta que terminas por abrirte completamente; al menos eso hice yo.

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En cuanto a lo que fui a trabajar, yo ya tenía algunos cuentos que quería terminar de pulir. Sylvia los revisó, me dio sugerencias muy puntuales que hicieron de “Adiós, Marla”, por ejemplo, un cuento mucho más redondo, y me ayudaron a crear personajes mucho más entrañables y tridimensionales.

Otra cosa que disfruté mucho fue olvidarme de todo y solo dedicarme a leer y escribir. Recuerdo un día en el que estuve unas seis horas seguidas sentada, tecleando hasta que se hizo de noche. Sylvia se acercó a mí y me premió con una cerveza bien fría, además de una rica cena. Esa noche probé el mofongo, un platillo puertorriqueño preparado por Carlos, esposo de Sylvia y chef oficial de Casa Octavia; un veterano de guerra con interesantísimas historias que contar y una finísima colección de novelas gráficas para compartir.

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Escribí en todos lados: en el escritorio de Sylvia, en la mesa del comedor, en la sala, en dos sucursales distintas de Barnes & Noble y en JVB (Joe Vinny & Bronsons Bohemia Café), donde Sylvia escribió gran parte de Todo es eso es yo.

Además de la vasta biblioteca que hay en Casa Octavia, como residente también tienes acceso a algo invaluable: puedes ver a Sylvia trabajar. Créanme: esa mujer es disciplinada. Escribe todos los días y lee muchísimo. Mientras yo leía o escribía la veía, por ejemplo, sentada en la mesa del comedor, muy concentrada tecleando algo en su laptop. Nada me hace más feliz que saber que eso en lo que ella trabajaba era un libro de cuentos que acaba de recibir mención honorífica en el Premio Nacional de Narrativa LGBTTTI 2017.

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CASA OCTAVIA

¿Cómo fue que a Sylvia se le ocurrió la idea de crear una residencia para escritoras en su casa? «Una vez, buscando residencias, me topé con la página de una chava que vive en el estado de Nueva York, madre soltera con varios hijos, que había heredado una casa grandísima. Se le ocurrió que para poder arreglar su casa para tener a sus hijos ahí, necesitaba que alguien le ayudara porque no tenía dinero suficiente para hacerlo, entonces creó su programa de residencia en el cual las personas metían un proyecto artístico que ella tenía que aprobar y aparte, tenías que proponer algo para ayudarla. Un chavo le hizo un granero, otro le pintó la casa, etcétera. Era algo así: tú trabajas en tu proyecto, puedes quedarte en un cuartito independiente, pero ayúdame en la casa o con los niños; algo bajo la economía del intercambio y yo lo vi y me pareció una idea preciosa porque soy una fiel creyente de la economía del intercambio», cuenta Sylvia.

«Creo que salirte de tu casa a trabajar es necesario para que puedas crear algo. Aparte, creo que como mujeres, necesitamos más ese tipo de proyectos porque nos ayudamos unas a otras; a fin de cuentas esa es la idea de que vengan también a trabajar conmigo. Una no se anima tan fácilmente a lanzarse sola a otra ciudad o a otro lugar, pero si sabes que llegas en blandito ya hay algo de ventaja», opina. Y en esto estoy muy de acuerdo. Yo nunca había ido a El Paso y fue toda una experiencia subirme a un avión para irme a un lugar desconocido a alejarme de la cotidianidad y ponerme a escribir. Si no hubiera tenido un lugar a donde llegar, no sé si lo hubiera hecho.

Por supuesto, también hubo tiempo para ir bar hopping y socializar con otros escritores. Creo que cuando mejor la pasé fue cuando fuimos a la presentación del libro de poesía Fuera de temporada, de Adelmar Ramírez (Bagatela Press, 2017) en el bar Monarch y la noche que estuvimos en el bar A Little Bit of Texas, donde la gente va vestida como cowboys y cowgirls, y bailan música country, en compañía de Sylvia, su esposo, la escritora regiomontana Criseida Santos Guevara y el poeta sinaloense Mijail Lamas.

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TEPOZTLÁN, MORELOS

Después de 14 días viviendo en casa de Sylvia y trabajando en mi proyecto, vuelvo a Tepoztlán, pueblo mágico donde vivo, con una tendinitis bastante dolorosa, pero con unas 45 cuartillas bajo el brazo. Me siento extraña. Ya no está Winston, el gato blanco de Sylvia que, estoy segura, fue cirquero en otra vida. Tampoco está Julia, una gatita consentida que pocas veces dejó que la acariciara. Ya no está Carlos, «el barbudo de todos», ni los ojos de Sylvia parpadeando detrás de sus lentes. Nunca había vivido una experiencia así. Me siento nostálgica. Agradecida. Me doy cuenta de que no solo fui a escribir: fui a conocer, a sincerarme, a compartir y a crecer en muchísimos aspectos.  

Si lo que buscas es escribir y que te asesore alguien cuya verdadera pasión y vocación es la literatura —alguien que obtuvo tres becas del FECA en Sonora y una del FONCA, que fue parte del laboratorio fronterizo de escritores Tijuana-San Diego y cuyos cuentos han sido traducidos al inglés y al coreano, entre muchas otras cosas más—, escríbele a Sylvia para mayor información (su mail: sylvissima@gmail.com).

A partir de junio de 2017 puedes aplicar para ser residente de Casa Octavia.

Para saber más de Sylvia Aguilar Zéleny, da clic aquí.


Sobre la autora

18718291_10155104984186013_103919496_nLa señorita Mildred Pérez de la Torre (CDMX, 1982) es autora del célebre libro «Lo hice por amor» (Novelistik/Quimera ediciones, 2016), Premio Quimera a Mejor Literatura Queer. Sus distinguidos cuentos han sido publicados en antologías nacionales y extranjeras, entre ellas «Blur: amor y paranoia en los 90» (Marvin, 2014). Se codea en las más exclusivas galas literarias, fue residente de Under the Volcano (Tepoztlán, Morelos) y Casa Octavia (El Paso, Texas) en 2017, en donde pasó una deliciosa estadía.

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