Gabriela Aguirre: No me dijo, mi madre del prozac

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Gabriela Aguirre nació en Querétaro en 1977. Poeta. Estudió la licenciatura en Lenguas Modernas en Español en la UAQ y la maestría en creación literaria en español en la Universidad de Texas, El Paso. Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas 2007. Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2003 por La frontera: un cuerpo. Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa 2007 por El lugar equivocado de las cosas. Participó en el libro colectivo Itinerarios en la materia del silencio, Fondo Editorial de Querétaro.

En Querétaro se realiza cada año el encuentro de escritoras Lumbre entre las Hojas. Éste ha servido para visibilizar a las muchas escritoras que ¡existen! y viven en esta ciudad, y que son poco reconocidas por los grupos literarios dominantes. Ha sido también una forma de encontrarse, conocerse y crear redes de apoyo.

En medio de ese evento tuve la oportunidad de coincidir con diferentes escritoras queretanas. En un pequeño stand donde vendían libros compré El lugar equivocado de las cosas de Gabriela Aguirre, que no es para nada una desconocida, pero en Querétaro no participa mucho de la vida cultural. Acaba de regresar con doctorado y poemario nuevo.

No pude resistirme a la tentación de compartir una selección porque pienso en la importancia de visibilizar el trabajo de las autoras que escriben en mi ciudad, en un intento de ubicar una pequeña genealogía, quizás, o simplemente por el gusto de encontrar textos que genuinamente me agradan.

El poemario El lugar equivocado de las cosas se presenta como un casa que es un cuerpo, y el cuerpo tiene memoria y siente. Las cosas están en el lugar equivocado y parece que hay una resistencia a ponerlas de nuevo en su sitio. Cada movimiento y cada cosa tienen una historia detrás, que han cambiado su forma de estar en el mundo.

En una pregunta que le hicieron a Gabriela sobre la poesía y su compromiso, ella contestó que lo personal era político. Habló de los modos en que referirse al cuerpo o a la relación entre una madre y una hija era también una forma de hacer poesía. Coincido con ella, creo que es importante el lugar desde el cual está enunciando: un cuerpo femenino con toda la sensorialidad que podría tener: un cuerpo que desea, sufre, enferma, existe.

Me invento sobre la marcha
sólo quiero un poco de público
un micrófono como el volumen adecuado
y en la oscuridad la voz de mi padre
útero en el que floto y caigo
como el sonido vuelto eco en su pecho
mientras duermo después de una fiesta.
Soñé que era otra, lo juro.
Pero algo se cayó en el cuarto en que dormía
y eran las cinco
y el despertador.

***

Por si acaso
un número telefónico
un camisón japonés
una escalera
una tina.

Por si acaso
un par de zapatos
las corbatas de mi padre
un río
un boleto de avión
mi nombre
gritado desde el patio
de la casa.

Por si acaso
que me aten
como entonces
a la cama.

***

 

Cómo decir cabello
sin que duela.

Cómo decir mano o sexo
domingo
pestañas
esternón
nuca.

Cómo decir
una muñeca encerrada en una caja
un cepillo de dientes
encajado en la memoria.

Una herida en los labios, una pierna
que es mía
y no me sirve.

***

 

Recuerdo un sueño recurrente que tenía hace años:
yo subiendo una escalera que de pronto
   se desmoronaba.

Despertaba entonces, claro.
Despertaba como despierto ahora
sin saber contarme la historia
o inventarme otra.

Estoy enferma y no de palabras
el silencio es una enfermedad
una puerta que se abre
y deja entrar otra vez el monstruo de la infancia
la mano, la oscuridad, el grito.

A las cuatro de la mañana el mundo es otro.
Lo escribo como lo siento
sin detenerme a pensar demasiado
y escribo una carta larga de despedida
como el suicida
como el que piensa abandonar la casa
mientras los otros duermen.

Y digo que no, que así no se puede
que hace falta otra luz que no sea esta.

***

 

Escribo contra el miedo
Alejandra Pizarnik

 

Mi madre no me dijo
que no hay que intentar abrir las puertas
con la llave equivocada.

Y que si eso pasa
la punta de la llave duele
como si la enterraran en tu cuerpo.

No me dijo del miedo que se siente a los dieciséis
o a los veintisiete.

No me dijo, mi madre
del Prozac y de mis sueños.

Ni de la ventanilla en que no está permitido fumar
preguntar cuánto falta
para llega
para que el viaje
y todo esto
termine.

***

 

Un cliché hablar de las flores que se mueren.
Pero se mueren junto a mí
en el jarrón de mi escritorio.

***

 

Las cosas no están en su sitio.
Mi padre
y las cosas no están en su sitio.


Sobre la selección:

16245004_10155046028882922_1412670157_oAnaclara Muro (Zamora, 1989). Después de decidir dedicarse a la eminente carrera de Letras Hispánicas, cultivó su formación en la creación literaria. Heredera de la tradición de la bucólica poesía, se desarrolló en el guionismo y otras artes. Participa con entusiasmo en el Slam Poético Queretano, Horizontal. Taller de escrituras y Lucha de Escritores Anónimos. En algunos momentos, en medio del ajetreo de la vida cotidiana, se detiene a seleccionar bellas poesías y compartirlas en El Periódico de las Señoras.

16244542_1842495245969056_1539131777_nMonserrat Acuña (Querétaro, 1994), es una entusiasta jovencita que, con la dedicación propia de su género, estudia el último semestre de la Licenciatura en Estudios literarios en la Facultad de Lenguas y Letras de la Universidad Autónoma de Querétaro. Disfruta especialmente de recomendar poemas a sus amigas en El Periódico de las Señoras.

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