Milenka Torrico: Lo que no es decoroso, señorita

Por Milenka Torrico

 

Who do you think you are?

Lo que no es decoroso, señorita (he said)

es presentarse sin make-up

sin currículum,

sin un rouge

que pinte la tacita del té en la entrevista,

sin unos tacones

que suban las escaleras haciendo el escándalo

que una verdadera mujer hace cuando los lleva

(and he left).

***

 

 

Revelación

la de la última fila

la que se sienta al borde

la que evita el grito en el llanto

la que mesura la risa

la que huye de miradas sostenidas

la que ata sus cabellos

la que guarda la dignidad

(incluso ante el cansancio).

Sólo aquella,

esa con la que sueñas en rojo violento

esa perra en celo que aúlla y jadea

esa que nunca serás,

te humedece el cuerpo.

***

 

After day

Usted, señorita

 

que no bajará la cabeza

 

que seguirá fría y rígida

(como una púa)

 

que pasará cortando el aire

(como un tacón de aguja)

 

no dirá nunca

(ni para sí misma)

 

que una noche, una barba de tres días

(entre otras cosas)

le hirió el rostro

 

que lleva marcas de dientes

en su costado izquierdo

 

(la dejaron tan rota)

que retiraba sus pedacitos

con el índice y el pulgar

(la dejaron tan deshecha)

que caía desangrándose

en gotitas anónimas.

***

 

No

Ella es la nenita

cuya vida rosa fue arrebolada

por un cuerpo

que en el vestidor le cerró el paso

por una mano

que le subió la faldita de tenista

por una boca

que deslizándose

la lamió

la mordió

y le lanzó un furioso escupitajo

susurrándole entre risas

que ya era una mujercita.

***

 

Convergencia

No le interesaría a usted eso del medio pomelo en la mañana, de la hoja de lechuga en el almuerzo o del té verde a las cinco, así se es más light que una coca-cola de etiqueta plateada; sin embargo, llegan esos días en los que la tristeza necesita azúcar y a una galletita le sigue otra, y la siguiente va con mermelada y luego con dulce de leche, hasta que no quede ni una sola; entonces la tristeza se convierte en angustia y, si no se es muy hábil con eso de los dedos en la garganta, cada galletita debe pagarse bebiendo agua solamente y doblando las horas en el gimnasio, sin importar los espasmos, los calambres, los mareos, el hormigueo en las manos o el frío. Estar down no es fácil, menos para una chica, y en ocasiones como esas es bueno acordarse del chicle sin azúcar, de los cubitos de hielo con edulcorante, de aplicar el feng shui y ponerle al refri un moño de cinta negra para que se vayan las ganas de abrirlo.

A usted qué podría importarle que una bolsa se convierta en una ridícula colección de cosas que quisiera comerse: un galletón de avena y pasas, varios chocolates, una empanada de queso, un pan dulce de anís, una paletita sabor durazno, un pastel de canela y almendras, y unas trufas de limón, porque es casi terapéutico eso de ir reuniendo todo y guardarlo hasta que se eche a perder.

No le importaría a usted, eso de colgarse a un botellón de agua todo el puto día, de contar hasta diez, hasta cien, hasta mil, hasta que se vaya la intención cuando se está frente a un postre de crema, o de llegar al borde la hipotermia si un olor de papas fritas con queso fundido y un toque de orégano se cuela en el cerebro al estilo de la gotita, pues nada, nada lo despega, más que quince minutos bajo un chorro de agua helada.

Qué diablos podría interesarle esa fijación con las calorías negativas, con los spots de fino light y su alcanza tu mejor forma para que tu salud no se quede atrás y como es mejor más traspiración, menos lipoaspiración hay que darle a la máquina de cardio hasta que se nuble la vista y acudan las náuseas.

A usted, qué mierda le interesaría eso de que la regla social sea cero fiestas de cumpleaños, cero cenas, porque hay que esquivar el pastel y las guarniciones y fingir un sorbo en los brindis, o que de tanto en tanto haya que comerse una almendra porque alguna tarde, ya en el taxi, había olvidado para dónde iba, o pasarse la tarde picando una salchicha de soya y bebiendo infusión de apio en las fiestas de tacos y tequila de los chicos del colegio, mostrando con pesar unas pastillitas para que crean el cuento de que estás enferma.

Qué carajos le importa a usted eso de la anemia crónica o eso de perder el cabello y los dientes en este intento.

A usted sólo le interesa que yo sea un cuerpo talla cero… y a mí también.

 

Siempre en busca de algo dulce

que marque cero en los nutrition facts.

Siempre en busca de algo rosa

que diga cero en la etiqueta

Siempre en busca de algo suave

que ponga en cero la tensión

de resistirse al siguiente año

de enfrentarse a las arrugas

de oponerse al cansancio

y sonreír

con la explosión del flash, del gloss, del tul y del glitter

que alguna vez fuiste.

***

 


Sobre la autora:

11885143_10153027711421863_6356562965951501578_nMilenka Torrico (Cochabamba, Bolivia.1987) Vertió sus bellas letras en Preview (La Paz: Yerba Mala Cartonera, 2009 y México: Literal, 2015). Ganó el prestigioso premio de poesía “Blanca Wiethüchter” (Universidad Simón I. Patiño, 2010). Forma parte de La Crítica y el poeta, una inspiradora colección de ensayo sobre poesía boliviana. En estos días estudia la bella Literatura y escribe Mirar el árbol como una piedra. Tiene un delicado gusto estético y algunas tardes disfruta de deliciosas confituras.

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