Selene Flores: me hago el moño protocolario en el cabello

Tú me dices ven


a las dos, tres de la mañana
(número indefinido de cervezas encima)

llevas contigo la angustia
de los hombres solos y de pestañas tupidas,

llevas el olvido y la procesión por dentro

buscas cruz y refugio
penitencia, absolución.

Y yo, que te quiero tanto
-que vivo en la ansiedad, que vivo en el desconsuelo-
me subo al tacón derecho, el izquierdo
                                                me lo ensarto al vuelo,

arrebato las llaves de la encimera de mi madre

me pongo mal y sobre la marcha
el tubo de labios rojo

                                                 me hago el moño protocolario en el cabello.

Moño que tanto te gusta
que de tanto que te gusta
nunca alcanzo a cruzar
tu puerta bien peinada.

Quien te dijo que era yo virgen milagrosa
vulva siempre sellada, mirada siempre evasiva
es porque no logró ver
en mí alguna otra cosa
más allá
de su reflejo.

Quien te dijo que era yo puta de lujo
experta en acrobacias y de técnica impecable
es porque me andaba buscando
con el bulto de su pantalón.

Entonces cuéntame qué quieres

qué apeteces esta noche.

¿flor otoñal
al estilo Nicole Kidman?

¿que te escuche leer en voz alta
con cara de sorpresa a lo Audrey Hepburn
los episodios de la novela mediocre
que escriben todos los de tu estirpe al mismo tiempo?

¿quieres que me queme de deseo?
¿quieres que me desbarate de amor?

¿que llore como la amante e hija de rodillas raspadas
que soñaste en tu adolescencia
de lector de Nabokov?

dime
¿te recuerdo a tu madre?
¿a tu profesora de falda ajustada?

cúmulo de fantasías escritas
por un ocioso como yo, pero con residencia en Hollywood.

Mejor no me digas nada
deja que yo te adivine, criatura atormentada.

Déjame que te bese los puños ensangrentados,
olvida todo este desplante,
dime dónde está el café que yo te lo hago.

Déjame lamer tu ceja abierta
besar el costado
                             rapado
de tu cabeza

sabes, es sólo que estoy tan harta de vivir en esta ciudad

tu ausencia
se me hace pesada, y tú insensato
que juegas a ser Mark Renton.

Un día voy a cansarme.
No de ti, sino de algo estúpido
-como la contaminación, o lo lleno que viene el metro-

me iré
con mis ojeras malvas, con mi barro en el tacón.

Nunca sabré si fui en tu vida Ginger o Rosa
y tú nunca
a dónde me habré ido.

Pero hoy no me voy, no,

hoy no

porque estás herido

y yo,
yo soy virgen milagrosa,
escort de pago con tarjeta y efectivo,
madre abnegada, madre amorosa,
hijastra ardiente,
la chica de al lado en el vecindario de tu infancia,
ex-novia infame,
violetta con dos tés

justicia,                                        mujer
de ojos vendados en pañuelo blanco,

madre patria madre tierra
llámame como quieras, al fin que olvidé mi nombre.

Sólo no me dejes muy sola
ni en medio de la carretera                        que ya sabes,
me dan vértigo los puentes
y ansiedad las vías del tren.

no confíes en mi entereza
que yo, cuando veo el abismo,
me suele dar por saltar.


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Sobre la autora:
La jovencita Selene Flores es poeta, feminista y estudiante de sociología. Es originaria de la mismísima ciudad de Guadalajara. Ella cree firmemente en la inutilidad del arte. Sus más bellas letras se encuentran incluidas en la antología femenina 10 Balas de Ediciones El Viaje. Actualmente, mantiene una vida ocupada entre el ajetreo de trabajar como directora académica y creativa del Colectivo Unísono Poetry Slam.


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