Anaclara Muro: Yo no quiero pertenecer a una religión en la que me discriminan

The Keepers: Sólo la sororidad podrá salvarnos

por Anaclara Muro

Yo nunca lloro en las películas, ni aunque toda la sala de cine berreara a mi alrededor. No es que ciertas películas o realidades no me entristecieran, pero alguna certeza de que la ficción media entre la realidad y mis sentimientos, me permitía manterme serena.

Cuando vi el capítulo 2 de The Keepers algo se me rompió. Lloré todo el capítulo y no he dejado de llorar desde entonces. Veo señales de que el mundo es horrible en todos lados.

No puedo mantener la serenidad porque no me entra en la cabeza que algo así pueda existir. Sé que existe la crueldad, sé que existen los sacerdotes pederastas y el abuso de poder. Pero saber que existe no te permite dimensionarlo, no te permite sentir que es real, que hay personas que han pasado años y años tratando de sobrevivir al abuso, sintiendo culpa e intentando olvidar. Aún así, hay personas que siguen defendiendo a la iglesia, que le creen a un sacerdote antes que a una niña. Por alguna razón les parece lógico que la mamá de una niña invente un abuso para sacar dinero.

La serie comienza con un feminicidio, no es llamado así. Es la investigación sobre el asesinato de una monja que ocurrió en Baltimore en 1969. El crimen nunca fue esclarecido y dos señoras jubiladas, más de 30 años después, deciden llegar al fondo del asunto. Las recién autonombradas detectives desean saber qué pasó con su maestra de literatura de la preparatoria. Una maestra que las inspiró de jóvenes, que logró que disfrutaran a Shakespeare y que vieran en una literatura una forma de expresión.

La monja asesinada era la monja cool, la que sonreía y tocaba la guitarra, la que se presentaba como una amiga para las alumnas. Nadie entendía por qué en un pueblo tan tranquilo, un pueblo de gente tan buena, donde “no pasaba nada”, podía alguien asesinar a una monja que a todas luces era querida y dedicada.

Pronto salen a relucir los problemas, había “secretos” en la escuela en la que trabajaba Cathy Cesnik (este era su nombre), que alguien quería mantener ocultos. Una mujer, estudiante de Cathy, que prefirió mantener oculta su identidad, apareció en los 90 con el nombre de John Doe.

La estudiante John Doe cuenta cómo inició una historia terrible. Mientras se confesaba le dijo al sacerdote que su tío había abusado de ella cuando era niña. El sacerdote le contestó que ese pecado no se lo iba a perdonar Dios, que tendrían que realizar sesiones de curación para lograrlo. En estas sesiones el sacerdote la violó, la prostituyó, la humilló, la golpeó y le dijo puta muchas veces. Cathy se dio cuenta, quiso hacer algo al respecto y la mataron.

Cuando ella decidió decir lo que había sucedido fue rechazada por la diócesis. Le dijeron que tenía que encontrar a alguien que confirmara su historia. Su testimonio solo, contra el de un sacerdote, era inválido. Después de una lucha interna y el apoyo de su familia y de su abogada, decide contactar a antiguas alumnas de la escuela para que si alguien tiene alguna información la diga.

Hasta 100 testimonios logró juntar la defensa, sin embargo, la fiscalía asegura que no hubo pruebas suficientes para culpar a nadie. La evidencia desapareció, la arquidiócesis dejó de ser amigable y el caso se enterró otros 20 años.

*

Pienso en cómo ve este tipo de problemas la gente católica, he escuchado muchas veces que es terrible, pero que son individuos malos y eso no significa que la iglesia no sea buena. No se puede juzgar a toda una institución por lo que hacen unos cuántos.

Como los suspicaces periodistas de Spotlight, tampoco pienso que esto se trate de individuos, y no solamente porque la iglesia funciones como un aparato de protección para los pederastas. Me parece que su existencia surge de la raíz misma de la institución, sí, de esa piedra sobre la que se edificó la iglesia.

¿Qué podemos esperar de una institución jerárquica a la que no pueden acceder mujeres?

“Yo no quiero pertenecer a una religión en la que me discriminan” le digo a mi mamá. Porque que me parece absurdo que las mujeres participen y colaboren con un grupo en el que nunca podrán tener los mismo derechos, y además, en los que tienen que seguir consejos (órdenes) de los que sí tienen acceso a la intervención divina. De los que sí pueden ser sacerdotes, convertir el cuerpo de cristo, perdonar pecados y tomar decisiones que afectan las vidas de una gran parte de la población mundial.

Además de ser una religión de hombres que se apoyan en el trabajo de mujeres (¿quién limpia las iglesias, da de comer a los sacerdotes, organiza la catequesis?, ¿quiénes son ahora las que asisten más a la iglesia?), es una religión jerárquica.

Y de un sistema así es imposible salir bien parado, cuando una institución es jerárquica implica ceder la última decisión y la última palabra a quien esté arriba, no importa si quien tiene el poder, tiene razón o no, si es más inteligente o está mejor preparado. En teoría el sistema debería regularse solo, porque solamente llegan los que merecen el puesto, ¿no? ¿Acaso Marcial Maciel no merecía cuidar la fe de nuestra élite nacional?

Es un sistema funcional, las jerarquías permiten que todo se haga con mayor eficacia, cuando un grupo tiene que tomar una decisión hay que discutir, escuchar la opinión de todos, argumentar, contra argumentar, sopesar, ceder, toma tiempo, y cuando hay tanto poder y dinero en juego, no hay tiempo para el proceso largo.

La jerarquía en esta institución implica, peor aún, que el poder viene de Dios, y que no hay forma de refutar las decisiones de una jerarquía más alta porque tienen el poder espiritual e institucional. “Un párroco es una señor feudal” dice una católica empedernida aunque afectada por el sistema. Es injusto que llegue una persona de afuera de una comunidad a dictar cómo debe ser la vida, qué es lo que está bien y qué no.

Un sacerdote gringo pudo, por ejemplo, suspender varios años la fiesta patronal de La Valla en San Juan del Río, porque decidió que gastaban demasiado dinero. ¿Quién es un desconocido para decidir en qué se gastan el dinero? ¿Quién es un extranjero para decidir qué está bien o mal de otra cultura? Cuando se fue, por supuesto, volvieron a hacer la fiesta.

¿Por qué una niña acepta que un sacerdote abuse de ella? ¿Por qué sigue pensando que él tiene el poder de salvarla del infierno?

Lo más absurdo es que la iglesia católica ha sobrevivido por siglos con muchísimas contradicciones. Condenan la riqueza, pero apoyan a una orden como la de los legionarios de Cristo, hechos para atender las necesidades religiosas de la élite recalcitrante de México, fundada por Maciel el pederasta. La mujeres son las favoritas para tener revelaciones y la virgen es la representante de la humanidad favorita de dios, pero las mujeres no pueden ejercer el sacerdocio. Los sacerdotes se dedican a promover la familia y a aconsejar a “su rebaño” pero ellos no pueden tener una.

Las contradicciones se justifican discursivamente con cualquier cita medio ambigua de la biblia, donde está toda la verdad irrefutable. Así funciona, pueden sostenerse y rebatir cualquier acusación con palabras medio poéticas. Pero el hecho es que la institución no solamente ha solapado por siglos los abusos, sino que los promueve. Cada vez que un párroco abusa de su poder, tendríamos que recordar que solamente un hombre puede llegar a serlo; que él representa una figura de autoridad y respeto; que quejarse sobre un abuso implica darse un clavado en la burocracia católica, en donde saben cómo hacer desistir a las víctimas; que los abusos han ocurrido en todas épocas y en todos lo países.

Hay una cultura de la violación que los católicos y la jerarquía eclesiástica menosprecian. Y la violación tiene mucho que ver con la oportunidad de ejercer poder contra otro. ¿No es esta una clara señal de que el sistema está podrido desde siempre?

*

Ahora, quisiera regresar a The Keepers. Empeñarse en investigar un homicidio de hace más de 40 años no se le puede sino llamar sororidad. Es increíble que dos sacerdotes en un colegio lleno de mujeres pudiera abusar impunemente de las alumnas más vulnerables. Esto no habría pasado si las alumnas no hubieran estado aterrorizadas de hablar, si entre ellas y sus familias hubieran tenido una red de apoyo. La estrategia del abusador por supuesto es fomentar el silencio, no dejar que nos comuniquemos, que mostremos fortaleza entre nosotras.

Asesinaron a la única mujer que se mostró dispuesta a apoyar a las alumnas. El sacerdote acusado una y otra vez fue mandado a una “clínica de rehabilitación”. No hubo justicia. Sin embargo dos señoras han dedicado su tiempo, esfuerzo, comprensión y sensibilidad para dar a conocer el abuso, para llegar al fondo del asunto y acompañar a las víctimas que en los 90 alzaron las voz “para nada”. No importa cuánto tiempo ha pasado, la red de apoyo está ahí y cada vez es más sólida.

*

La sororidad es hermosa y existe. Sé que muchas de nosotras hemos pasado por la etapa de pensar en que las mujeres son naturalmente crueles y envidiosas, que las amigas siempre compiten y se ponen el pie. Esto claro, no puede ser cierto. Primero, las mujeres son personas, y las personas tienen todos los tipos de carácter, tienen problemas, cambios de humor, traumas y distintas personalidades. Pero lo más importante y tal vez menos obvio, es que nos crían para pensar esto, lo vemos en las películas, en las telenovelas, nos lo dice nuestra mamá y desafortunadamente algunas hemos vivido malas experiencias con otras mujeres. Pero no podemos ser así de reduccionistas, una persona no son todas las personas. Y una persona no es la misma persona toda su vida.

El feminismo me ha hecho detenerme a pensar en por qué tendría que competir, por qué estaría mal que yo aceptara y festejara que otra mujer es más bonita o simpática que yo. ¿Por qué no podría disfrutar su compañía en vez de intentar superarla? El feminismo me ha enseñado que el amor romántico no es más importante que la amistad, que la amistad es un vínculo afectivo igual de fuerte que el que podrías tener con una pareja o tu familia, que suele ser más desinteresado y que te hace la vida mucho más bonita.

La sororidad y la amistad no son lo mismo pero van de la mano. La sororidad es una forma de existir en el mundo, es intentar ponerte en los pies de otras personas y no juzgar de buenas a primeras situaciones con las que no estás de acuerdo. Sororidad es ofrecer y recibir apoyo desinteresado. Es mantenerse firme ante situaciones de injusticia. No necesitas ser amiga de todas las mujeres para apoyar sus causas ni para solidarizarte con ellas cuando lo necesitan.

Pero es inevitable. La amistad eventualmente llega. La sororidad te permite bajar la guardia y querer a las personas cómo son, no exigir nada. Nos permite ver lo mejor de las otras porque es lo que elegimos ver. Nos permite comprender sus debilidades y apoyarlas, nos permite aceptar cuando nosotras necesitamos ayuda porque no podemos solas.

*

El patriarcado, que según ciertas personas no existe, ha permitido que instituciones como la iglesia católica nos arrebate derechos y nos coloque en una escala jerárquica más baja. Nos ha quitado el poder y la confianza. Nos ha hecho desconfiar de nuestro criterio. Nos ha hecho creer que si la biblia dice algo es verdad, y si la biblia dice que merecemos castigos, no podemos refutarlo. La iglesia ha puesto el vínculo matrimonial entre un hombre y una mujer como la relación más importante en la vida de alguien. Y para mantener el matrimonio hay que soportar lo que sea, porque así el amor. Para conseguir un marido hay que sacrificar lo que sea, porque así es el amor. Nos hicieron creer que dios nos hizo para hacerle compañía al varón y darle hijos.

Pero nosotras podemos no aceptar ese “orden natural de las cosas”. Podemos decidir que queremos apoyarnos y querernos entre nosotras. Podemos jerarquizar cómo queramos lo que va a ser importante en nuestra vida. Y ¡sorpresa! Nosotras podemos ser más importantes en nuestra propia jerarquía. No es obligatorio ni natural cambiar todo en tu vida por un hombre, no tenemos que dejar las actividades que te gustan, someternos a tratamientos dolorosos ni aislarnos de familia y amigos.

Nosotras también somos personas, nuestra opinión y decisiones son válidas e importantes. Pero solamente podremos establecerlo como una regla social si nos apoyamos entre nosotras. Esta es la gran lección de The Keepers, es necesario salir a decirnos unas a otras que nos creemos, que respaldaremos el derecho a ser testigos confiables de nuestras propias vidas. No podemos engañarnos, el mundo es cruel e injusto. Todavía habrá violaciones y feminicidios. Muchos hombres golpearán a muchas mujeres, muchas personas nos dirán locas y exageradas y putas.

Amigas, el patriarcado existe, se presenta en muchas y diversas maneras. Pero amigas, estamos creando una red de apoyo que consuele, cobije y empodere. Estamos haciendo esfuerzos cotidianos para encontrar estrategias y transformar prácticas. Amigas, la sororidad también existe y la estamos alimentando.


16245004_10155046028882922_1412670157_oSobre la autora:
Anaclara Muro (Zamora, 1989). Después de decidir dedicarse a la eminente carrera de Letras Hispánicas, cultivó su formación en la creación literaria. Heredera de la tradición de la bucólica poesía, se desarrolló en el guionismo y otras artes. Participa con entusiasmo en el Slam Poético Queretano, Horizontal. Taller de escrituras y Lucha de Escritores Anónimos. En algunos momentos, en medio del ajetreo de la vida cotidiana, se detiene a traducir bellas poesías.

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