Maricela Guerrero: de otra forma hubiera estado peor

Poner la vida en centro

 

Trabajo productivo vs. Trabajo reproductivo. Una vez más actúa el sesgo androcéntrico que nos dice que el trabajo productivo es el que tiene valor, el que produce PIB, el que se cuantifica, el que se paga con dinero. Al reproductivo, en cambio, no se le asigna una cuantía, no se tiene en cuenta, no se visibiliza, casi no existe. Y desde su invisibilidad es el que hace posible que el sistema funcione y que la vida exista y se mantenga.

http://www.ecologistasenaccion.org/

 

Piensa, ¡Oh, Patria querida!

 

Hace un par de años, en una clínica de la colonia Doctores, aborté. Tenía 5 semanas. Supe que estaba embarazada cuando mi exjefe me pidió en un post it que saliera a mojarme la cara o tomar un café y al volver no cabeceara durante la flamante Junta Cacique, porque su jefe se podía enojar. Al terminar la Junta Cacique fui por una prueba de embarazo, la hice en el baño; así que busqué clínica de aborción, salieron casi un millón de resultados y varios mapas en la ciudad de México. Hice la cita y ese sábado le pedí a mis papás que cuidaran a mis hijos porque tenía una reunión feminista a la cual era imprescindible asistir. Me llevó mi papá y al bajar del auto, me dijo “te quiero mucho, que todo esté bien”. Como en otras ocasiones, me dio un raite a tomar una hermosa decisión adulta. Como cuando le conté que estaba contenta y embarazada. O cuando le dije que dejaba la arquitectura por las letras.

Entré sola, igual que una compañera que llevaba una historia muy similar a la mía. Nos hicimos compañeras de aborción. La verdad es que #JuntasAbortamos, todavía de vez en vez nos enviamos mensajes para saludarnos y desearnos cosas chidas. Las dos nos cuestionamos antes de la anestesia que por qué pasábamos por eso, que en lugar de andar gastando en abortos debíamos viajar más con nuestros chamacos. Ella tiene una niña de cuatro. Los míos, doce y ocho. Las dos respondimos que sí estaba rudo y era costoso, pero que sería infinitamente más difícil, seguir siendo personas si continuábamos con el embarazo. Brindamos con el boing de naranja que nos dieron para recuperarnos antes de salir. Fuimos por los analgésicos juntas y nos deseamos muchos cuidados y cariños. También celebramos que hubiera clínicas de aborción en la ciudad de México.

Esta tarde una compañera del Archivo Cacique me contó que pasó por lo mismo despuesito del temblor. Y su pregunta fue, ¿por qué sometí a mi cuerpo a esta situación? Solita respondió, porque de otra forma hubiera estado peor.

 

Y retiemble en su centro

Claro que continuar con un embarazo cuando no estamos seguras de quererlo o cuando estamos seguras de lo complicado, costoso y desgastante que puede ser madre de clase trabajadora es peor que abortar. Nadie más puede saberlo o decidirlo que nosotras. ¿Cuerpos de quienes? De nosotras. Pocas veces somos advertidas de lo complejo que puede ser para una mujer productiva con aspiraciones profesionales enrolarse en la reproducción y la crianza.

Los datos sobre la protección de la maternidad en el trabajo son abrumadores: “El informe de la OIT constata que la mayoría de las mujeres no están cubiertas por ninguna protección en el trabajo”, de acuerdo con este documento ha habido un poquísimo avance legislativo en lo que protección de los derechos de la maternidad o paternidad, que en todo caso serían derechos en favor de la crianza, se refiere. El problema es el enfoque, se sigue considerando que los asuntos de reproducción y crianza solo atañen a las mujeres. Tiemblo.

Dos horas después del simulacro conmemorativo del 19 de septiembre, volvió a temblar. El Gran Jefe de Archivo Cacique Vampiro nos “obsequió” un par de días a las madres de la oficina, nadie reclamó que eran días necesarios y exigibles para todos. Mi prioridad fue estar con mis hijos y la genial persona de sexo femenino con quien estoy desarrollando una investigación sobre amores diversos, para más señas, mi novia. Vimos cine, cotorreamos con los chamacos, cotorreamos nosotras, convivimos, se suscitaron dos o tres connatos de conflicto de los que salimos avantes.

Una de las conversaciones más valiosas que tuvimos postemblor, fue después de ver Mommy de Dolan, no la conocía, ella me la puso. Ya me la había prometido, un día que el chamaco se puso un poco intenso de su pubertad masculina. La vimos. No voy a spoliear. La conclusión es que ni en el mundo desarrollado ni en el subdesarrollado hay espacio ni instituciones para la crianza, coincidimos en que la única forma de criar chamacos es mediante personas que cara a cara sepan plantar límites seguros a la personalidad de cada escuincle y, ¿sabe, usted, cuánto cuesta eso en horas-persona? Es trabajo socialmente utilísimo y necesario y no está considerado en ningún lado, porque toda esa cuenta se le carga a la progenitora. De acuerdo con estimaciones económicas, ser madre implica la dificultad de acumular capital. Si bien la brecha salarial es terrible en el caso de mujeres y hombres, se pone peor cuando se trata de mujeres con hijos, de acuerdo con este estudio de la OIT.

Una crianza invisible en cada hijo te dio

¿Pueden las instituciones ser afines a la crianza?, en un mundo neoliberal, no: imagínense, horarios laborales de 9 a 7, salarios que no alcanzan para viviendas dignas, alimentaciones pobres, sin guarderías ni escuelas humanistas ni espacios de convivencia, ¿cómo haríamos para que los chamacos crecieran en ambientes sanos y seguros? Hacernos creer que decidir tener hijos es un asunto personal y que ser madre es la mejor posibilidad de desarrollarnos en este mundo es aterrador.  Hacerles creer a las niñas que tener hijos las hará adultas responsables y pudientes en nueve meses, es absurdo, echen ojo a estas cifras  de la OMS.

Además, de acuerdo con este estudio, la brecha salarial entre hombres y mujeres en edad productiva, para las madres se parece a una penalización por maternidad; es decir, la crianza y la reproducción nos cuesta a nosotras, no al estado, no a las empresas sino a nosotras.

 

Antes, Patria, que inermes tus hijos

Platicaba con mis chamacos sobre lo difícil que es tener hijos y que una buena decisión para las jóvenes es no tenerlos. Me preguntaron que por qué los tuve. Traté de ser sincera les dije que los tuve porque no lo pensé mucho, y cuando sentí que los esperaba sólo quise esperarlos y darles mi cariño y mi respeto. Bromeé con ellos, les dije, ¡imáginate si no es difícil ser mamá!, los llevas a pasear, se enojan porque no les compras cosas, se ponen de mal humor y tienes que regañarlos para que agarren la onda.  Reímos juntos.

La crianza en sana convivencia y alegría es una excepción en un mundo para el que la productividad despoja a las personas de su tiempo socialmente útil sin retribuirles salarios dignos que permitan cubrir necesidades. La colectivización de los trabajos de cuidados así como la despenalización del aborto son fundamentales para detener esta máquina neoliberal que nos consume y zombifica. La cuestión es que existe una gran propaganda en favor de la familia y la maternidad, pero nadita de condiciones ni espacio para que prosperen; cuando se dio a conocer el libro Madres arrepentidas, los providas universales salieron en defensa de la maternidad, la familia y los cigotos, aunque ninguno dijo nada contra la precarización laboral.  Cuando @malamadre se pronunció por no recomendar a nadie ser madre, fue insultada por señores sumamente violentos que no se cuestionaron ni tantito la procreación o la reproducción en un campo minado por la producción.

La despenalización del aborto y la exigencia de espacios seguros, gratuitos y universales para practicarlos es indispensable; lo mismo que la exigencia de la colectivización de las tareas de cuidados y la resistencia contra la precarización laboral pues implican Poner la vida en el centro y comenzar a desbaratar la multiplicidad de precarizaciones a las que nos somete el neoliberalismo en aras de la producción y el consumo.


maricela-guerreroMaricela Guerrero (Ciudad de México, 1977).  Estudió la eminente carrera de letras hispánicas en la UNAM. Ha vertido la música de sus palabras en los poemarios Desde las ramas una guacamaya (Bonobos / CONACULTA, 2006), Se llaman nebulosas (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010), Kilimanjaro (Mano Santa, 2011) y .Peceras (Filodecaballos, 2013). En 1998 y 2000 obtuvo el  primer premio en el prestigiosísimo Certamen “Después del Discurso” (dentro de la Cátedra  Extraordinaria Sor Juana Inés de la Cruz). En 2008 y 2010 la finura de su pluma le hizo acreedora de la beca para Jóvenes Creadores del FONCA. Es posible encontrarla deleitando a todos con sus poesías en las galas más importantes de la capital.


La imagen de portada  fue extraída de internet y es un cuadro de la artista Arpita Singh. 

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