Yolanda Rubioceja: Me dijo que no debí de haber nacido.

Fichas

por Yolanda Rubioceja

Me dijo que no debí de haber nacido. Iba caminando por Universidad, intentando pensar en nada y para ello escribiendo con mi pluma invisible una lista de cosas por hacer:

Pagar los impuestos

Comprar tres papas

Guardar la ropa

Explicarle a Leonor las multiplicaciones simples con fichitas o con frijolitos. Pongo de un lado dos y del otro tres y

“¡No debiste haber nacido!”, soltó tras bajar la ventanilla; ni siquiera bajó la velocidad como lo hacen quienes te gritan obscenidades o “cumplidos” como “reinita” o “mi vida” desde su auto. Era sin duda una persona desconsiderada, porque si le vas a decir a una desconocida algo como eso, te detienes. No logré moverme hasta que mi sombra se me escondió debajo. Di tres pasos, dos buenos y uno malo. No alcancé a meter las manos. Nadie me ofreció ayuda así que me puse de pie con dificultad. La rodilla derecha me sangraba, había caído sobre un pedazo de metal que ahora estaba parcialmente clavado a mi piel, lo saqué y revisé si estaba oxidado. Di media vuelta y desandé el camino hasta llegar a casa a ritmo de polka mal lograda.

¿Se lo dirá a cualquiera o será un mensaje sólo para mi?, ¿por qué me escogió? ¿dónde puse el frasco de frijoles?

Necesitaba contestarme muchas cosas pero ya casi eran las dos y media y si yo no encontraba los frijoles y por mi culpa Leo reprobaba el año, entonces en esta casa seríamos dos y no una quienes pronto se estarían preguntando si debimos haber nacido en este mundo donde cualquiera te reprueba, sin detenerse.

Nunca aparecieron los frijoles. ¿Por qué no tengo unas simples fichas?, las fichas son esenciales. En casa de mis papás siempre las hubo, de todos tamaños y colores, bastaba sólo con abrir cualquier cajón o puertita, meter la mano y coger cosas al azar, siempre, siempre, siempre salían al menos una o dos fichas. Revolví todos los cajones, busqué las cajas de juegos de mesa, sólo encontré un juego de cartas y un ajedrez… ¡los peones! Nunca antes había pensado en esos bajitos cabezones como fichas, siempre los había percibido como personitas. No sé por qué tenía fijado en la mente que sólo los frijoles podían sustituir a las fichas. Las separé del resto, una de ellas se negó a abandonar el reino. Estaba pegada al interior del tablero. La forcé jalándola por la cabeza. Tenía algo pegajoso en la base de terciopelo, se lo quité con la uña. No había tampoco pensado en el tablero, era perfecto para explicar multiplicaciones simples. Eché el resto de las piezas, excepto a la reina negra, a la caja de cartón y llevé a las piezas a la mesa usando como charola el tablero de cuadros.

Escuché lejanos los pasos de mi hija en la escalera, corrí a la puerta, procuro abrir antes de que ella lo haga.

—¿Cómo nos fue en la escuela?

—Bien mami, ¿cómo nos fue en el trabajo?

—Lo hicimos todo muy bien hoy.

—¿Y qué nos pasó en la rodilla?, preguntó preocupada al darse cuenta de mi herida.

Leonor miró sonriente cómo colocaba los peones en las orillas superior e izquierda del tablero.

—¿Vamos a jugar ajedrez, mami?, me preguntó.

—Sí, pero con otras reglas, estas fichas en vez de exterminarse se multiplican.

—¿Es difícil el juego?

—Pues vamos a jugar multiplicaciones, éstas son simples pero las hay complejas. Lo primero que hay que saber en cualquier juego es que cualquier cosa puede ser una ficha, incluso las personitas cabezonas y las reinas.

Comprar frijoles, las papas, guardar la ropa y… ¿qué más era?

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YolaYolanda Rubioceja nació en la hermosa Ciudad de México, pero decidió adoptar la cálida ciudad de Querétaro como su residencia desde hace ocho años. Pertenece a la prestigiosa generación XXX de la Escuela de escritores de Sogem. Además de ser una mujer de letras, es también ilustradora y diseñadora industrial. Ha publicado los libros de narrativa El insólito mundo y otros seres imaginarios (Ediciones B, 2012) y El mundo y otros productos desechables (Instituto Mexiquense de Cultura, Biblioteca del Bicentenario, 1997). Ha colaborado en las más variadas antologías y revistas culturales. Actualmente imparte talleres literarios para jóvenes y adultos.

 

 

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