Gamble by Olivia Gatwood

La apuesta

algunas chicas eran expertas en el sexo,
visiblemente aburridas cuando la conversación
se dilataba en el juego previo pero nunca
llegaba más allá. algunas chicas
lo habían hecho, pero con sus novios
quienes aún eran chicos y las amaban
así que no valía.

no importaba si eras virgen
o no, importaba cómo lo usabas,
como divisa, un frasco con centavos
sobre la barra. eso fue antes de que ninguna de nosotras
creyera en que éramos buenas en algo
entonces nos hicimos expertas en nuestros cuerpos
en hablar de ellos como si fuéramos
perras galgas, esbeltas y ansiosas
por finalizar la carrera.

antes de que alguna de nosotras tuviera sexo,
jordan y yo fuimos al parque de patinetas
en faldas a cuadros sin ropa interior
y los chicos tomaban turnos para meter
sus caras debajo, como niños pequeños
haciendo fila a lado de un telescopio
aturdidos por un repentino universo alcanzable.

jordan trajo una cámara desechable
y los chicos tomaron fotos de sus cabezas sumergidas dentro de las faldas
nosotras con las manos sobre  nuestras bocas
como marilyns recién nacidas, polluelas arrodillas y nerviosas.

quién sabe qué obteníamos de ahí, quizá un cigarro
o un aventón o la oportunidad de terminar una frase
después llevó la cámara a la farmacia en la calle 4ta
donde la mujer de mediana edad imprimió cada fotografía
y pagamos con centavos y ella no hizo preguntas.

y las sobrevolamos, nuestros pechos calientes y caprichosos
sacando las mejores como cartas de tarot prometiendo
un buen futuro. pero pronto crecimos aburridas de nuestros propios rostros
crecimos fuera de nuestros viejos cuerpos y tiramos las fotos.

mi padre las encontró en la basura esa semana
y las dejó sobre la mesa para que las encontrara
parecían ajenas contra el mantel de mi madre
y recuerdo haberme preguntado si acaso era yo.

él las sopesó como una baraja de poker
seleccionó una, cuidadosamente, de mí y un chico sin cabeza, dejó que colgara
entre su pulgar y su dedo índice, esperó un momento
para que la absorbiera, para que me mirara en el ojo,
y después preguntó quién era yo.

Nota de la autora:

“Apuesta” es un poema que he escrito una y otra vez, sobre todo en forma de pequeñas historias anecdóticas, que reflejan la misma idea sobre el modo en que la virginidad y el sexo son clavados en la identidad de las adolescentes, sin nunca ser nombrados explícitamente. Estoy rutinariamente inspirada por el acto de equilibrismo que es el paradigma “virgen/puta”, como he oído que le llaman, y el tipo de habilidad irreconocible que se necesita para navegarlo, especialmente siendo una persona joven.

Siempre estuve impresionada por el modo en cómo mi mejor amiga de la preparatoria, Jordan, se las arreglaba para presentarse a sí misma como ambas: fetiche y fantasía. Yo quería ser como ella,  sin comprometer mi reputación como “respetable” pero también haciendo a los hombres imaginar cómo sería tenerme. Pero, conforme fui creciendo, mi mirada cambió. Empecé a pensar críticamente las memorias de hombres boquiabertos ante nuestros cuerpos de 13 años, nunca pensamos en llamarles depredadores, porque, a nuestro entendimiento, su atención era una especie de significante de que nosotras éramos hermosas y dignas. Estoy conmocionada por todas las cosas que las adolescentes deben sobrevivir, sin siquiera saberlo.

Cuando mi padre descubrió las fotografías entre la basura y fui forzada a mirarme a través de sus ojos, cualquier sentido de control que creía tener, se evaporó. Sentí una nueva pequeñez. Lo que creí que era mi propio poder era, de hecho, el abuso de alguien más. No creo que algún día pueda parar de deshacer ese tipo de desorientación.


maxresdefaultOlivia Gatwood es una performancera, escritora y entusiasta de la educación sexual. Sus poemas de slam son internacionalmente conocidos, además, es cocreadora del programa de spoken word Speak like a Girl junto a la poeta Megan Falley. Actualmente vive en Brooklyn, donde estudio ficción en Pratt Institute. Cuando no está escribiendo, Olivia es la eterna gerente del Club No boys Allowed.


La imagen de portada se titula “Lo que ha dolido” fue extraída de internet y le pertenece a la artista Lara Costafreda. Para conocer más de su trabajo, pulsa aquí.


Sobre la traducción:

La traducción fue realizada por el equipo de El Periódico de las Señoras.

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